Cuba demuestra que sí es posible un modelo alternativo al capitalismo

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Intervención del Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, en la clausura del Encuentro Internacional de solidaridad con Cuba, el 1ero de mayo de 2021

Estimados participantes en este Encuentro:

La celebración del Día Internacional de los Trabajadores tiene lugar en una coyuntura de emergencia para la humanidad y de una crisis sistémica impuesta por la pandemia de COVID-19.

La emergencia no es sólo sanitaria. Es también económica, política y social. Demuestra las injusticias del orden económico internacional, en el que priman decisiones políticas egoístas, que favorecen la obtención de ganancias sobre la preservación de vidas humanas.

Hay una nueva división de la humanidad: los que acceden a vacunas, médicos, respiradores artificiales, oxígeno, pruebas de diagnóstico, hospitalización; y de otra parte, los que mueren olvidados, sin asistencia médica y no saben siquiera si serán inmunizados contra el virus o cuándo.

En este escenario, la región de América Latina y el Caribe registró niveles alarmantes de crecimiento de la pobreza. Aumentó el desempleo, aun más entre las mujeres, acrecentando la inequidad de género.

La reducción de partidas presupuestarias asignadas a los sistemas de salud y educación debilitó la capacidad para enfrentar la pandemia. No cesó el saqueo de los recursos naturales por parte de empresas transnacionales protegidas por sistemas políticos corruptos.

En la última década, el imperialismo estadounidense aceleró sus intentos de ejercer su dominación y hegemonía sobre Nuestra América, con la exacerbación de la aplicación de la Doctrina Monroe y las peores prácticas del Macartismo.

Donde pudieron, el imperialismo y las oligarquías aliadas revirtieron los avances sociales y políticos obtenidos por gobiernos progresistas. Apoyaron a gobiernos sin legitimidad y a candidatos políticos fascistas y populistas de extrema derecha, muy a tono con la polarización, la política sucia, la promoción de la división y el odio, y la incitación a la insurrección, que tuvieron lugar en los EE.UU.

Utilizaron los sistemas judiciales, el control de los medios de comunicación hegemónicos y las nuevas tecnologías digitales, las plataformas tecnológicas monopólicas y privadas, y la dictadura del algoritmo y el férreo control de las redes digitales, para perseguir, encarcelar y debilitar a figuras progresistas y de izquierda.

Se acudió incluso al asesinato, a las masacres y a la más brutal represión y proscripción de la protesta social. Fueron asesinados, mutilados, detenidos y torturados los jóvenes, y también ancianos, mujeres e indígenas, con la complicidad de los instrumentos del imperialismo como la Organización de Estados Americanos (OEA).

La resistencia y la lucha de los pueblos, sin embargo, no se detuvo. La articulación en busca de la mayor unidad posible entre las fuerzas progresistas, los gobiernos de izquierda, los movimientos sociales y populares, las organizaciones sindicales, femeninas, de campesinos, de pueblos originarios, juveniles, estudiantiles y de sectores de la intelectualidad y el arte, revitalizaron la protesta y la lucha social en las calles, en las urnas y en las redes digitales, donde se desarrollaron nuevas formas de movilización de ciudadanas y ciudadanos conscientes por la reivindicación, por la emancipación, y también, por el poder político.

En este contexto, adquiere aun mayor importancia trabajar por la unidad.

Se alcanzaron victorias populares como el regreso del Movimiento al Socialismo (MAS) al gobierno en el Estado Plurinacional de Bolivia y también lo conseguido en Chile. Los procesos políticos en México y Argentina contra el modelo neoliberal fueron avances destacados. La resistencia de los pueblos evitó que el imperialismo cumpliera sus objetivos de derrocar los gobiernos de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Bloqueada brutalmente por sucesivos gobiernos estadounidenses, incluido el actual, Cuba demuestra que sí es posible un modelo alternativo al capitalismo. Con un gran esfuerzo, pero con inquebrantable voluntad política, no se abandona a ningún cubano a su suerte, menos en las difíciles circunstancias impuestas por la pandemia.

Cada enfermo, sin distinciones, es una prioridad para el sistema de salud y el Estado cubanos. Cada fallecido es motivo de dolor para nuestro pueblo y Gobierno. Cada vida salvada, es el resultado de la solidaridad, la justicia social y la ciencia en manos del poder del pueblo trabajador.

El imperialismo quiere destruir este modelo. Para ello, ha afectado severamente la economía cubana. No ha cesado la persecución, las sanciones y amenazas, y el daño a nuestras relaciones económicas internacionales, lo cual provoca carencias, privaciones y sufrimiento cotidiano a nuestras familias. Ha acudido incluso a la aplicación de medidas extremas y actos de guerra no convencional para asfixiar a nuestro país.

Se pusieron en vigor por parte de Estados Unidos, más de 240 medidas coercitivas unilaterales contra Cuba, que reforzaron cruelmente el bloqueo económico, comercial y financiero, incluso de manera oportunista durante la pandemia. Todas ellas están vigentes hoy y amenazan el sustento de nuestro pueblo.

Aún así y a pesar de la campaña de presiones y calumnias contra la colaboración médica cubana orquestada y dirigida desde Washington, nuestro país envió 57 brigadas médicas a 40 países y territorios. Antes, ya nuestros colaboradores laboraban en 59 naciones.

Deseo agradecer profundamente el apoyo y la solidaridad de ustedes y de millones de personas en el mundo que reclaman el cese de esta política genocida.

Compañeras y compañeros:

En el recién finalizado Octavo Congreso del Partido Comunista de Cuba, ratificamos la voluntad de continuar la construcción de una sociedad socialista fundada en principios de justicia social y solidaridad humana, y de una Nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible, como dicta la Constitución aprobada en referendo universal y soberano por nuestro pueblo.

Ratificamos el compromiso de la Revolución Cubana con la unidad de “Nuestra América”, bolivariana y martiana, de luchar por todas las causas justas en todo el mundo y por la cooperación y la integración regional.

Como dijera en este histórico Congreso el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, compañero Miguel Díaz-Canel Bermúdez, nuestra Revolución Socialista, en medio del cerco más feroz, está viva, actuante y firme.

Así nos sentimos los cubanos. Alentados por la solidaridad y el apoyo, ante la realidad desafiante que se impone, conscientes como decía el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, que LA VICTORIA ESTÁ EN LA LUCHA.

¡Hasta la Victoria Siempre!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!


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