“Cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre”

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Guantánamo.- Hoy es tercer domingo de junio Día de los padres, una jornada de llamadas, mensajes, recuerdos, lágrimas, nostalgias, de alegría mezclada con tristeza, de flores, de amor… Es una fecha que se festeja de disímiles maneras, pero este año, debido a la situación de la presencia de la Covid-19 en nuestro país, debe ser diferente.

Quienes estamos lejos de quien nos dio la vida, hacemos una llamadita para decirle cuánto lo queremos y cuánta falta nos hacen sus consejos, su risa, sus regaños, su mirada paterna…, o le enviamos un mensaje a través de las redes sociales.  Otros, con el corazón hecho añicos lo recordamos, aunque no esté físicamente, para corresponder al inmenso cariño y la dedicación que nos tuvo, más allá de esos pequeños detalles.

El ser papá, tiene tanta responsabilidad como el ser madre. Sino… ¿Quién renunciaría a llevar a su bebé dormido hasta su camita, a recibir su tierna mirada, a escuchar sus primeras palabritas?… Estoy segura de que nadie dejaría de vivir este momento tan noble.

Y no por su naturaleza de hombres fuertes, los padres carecen de la posibilidad de sufrir. Al igual que las madres, sienten, sufren, lloran por dentro, y hasta fantasean con historias aún no contadas. Ya lo dijo el escritor Gabriel García Márquez:  “Cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre”

Desde hace unos años la vida ha cambiado y con ella, la forma diferente de ser papá. Ello no significa que los padres de hace más de veinte años no fueran compasivos, mi padre era un ser maravilloso y especial, era mi héroe, mi virtuoso caballero dueño de un corazón tan, pero tan grande, que no le cabía en el pecho. Así era mi padre, todo amor.

Hoy, mañana y siempre, el padre ha sido, es y será un pilar en nuestra vida. Por eso agasajemos hoy al protagonista de nuestros cuentos infantiles, a quien aún nos guía en el camino de la vida. Felicitemos también a quien nos aprieta la mano para cruzar la calle y a quien, a pesar de su edad, nos despierta cada día con un beso o una sonrisa.  A este ser tan importante en nuestras vidas, donde quiera que estén, digámosle sencillamente: ¡Felicidades, papá!…


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