A 72 años de la victoria sobre el fascismo

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Guantánamo.- Siempre será impresionante la foto más famosa de la Segunda Guerra Mundial, en la que aparece el soldado ucraniano Aleksei Kovoliov sosteniendo la bandera de la hoz y el martillo sobre el edificio del Reichstag, en Berlín, en mayo de 1945, ayudado por el daguestaní Abduljakim Izmáilo.

La tomó el reportero gráfico Yevgueni Jaldei y es la imagen símbolo de la victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania hitleriana, a pesar de todo intento reciente por desacreditarla.

Sintetiza la proeza sin par que hicieron los pueblos de la antigua URSS en la derrota del nazi-fascismo, cuyo aniversario 72 se conmemora este 8 de mayo en Occidente y el 9 en la mayoría de las repúblicas ex-soviéticas.

La diferencia se explica en el hecho de que la Alemania nazi firmó la rendición incondicional el 8 de mayo de 1945 ante el legendario Mariscal del Ejército Rojo Gueorgui Zhúkov a las 22:43 hora central europea, ya iniciado el 9 de mayo en la hora local de Moscú, con lo cual finalizó la Segunda Guerra Mundial en Europa, denominada Gran Guerra Patria en la Unión Soviética.

En el combate a muerte con la bestia parda, la URSS perdió por lo menos 27 millones de sus ciudadanos, entre ellos 13 millones de militares. Murieron uno de cada 4 habitantes de Bielorrusia, uno de cada 3 de Leningrado, Pskov y Smolensk. Un sacrificio tremendo.

Este aniversario cobra un significado especial en las actuales circunstancias políticas, económicas y sociales del mundo, por las amenazas constantes a la paz por parte de los Estados Unidos y sus aliados, así como por los reiterados intentos de reescribir la historia de la mayor tragedia vivida por la Humanidad que niegan el papel decisivo de la URSS en la derrota del nazi-fascismo.

En el V Seminario Internacional por la Paz y la Abolición de las Bases Militares Extranjeras, efectuado en Guantánamo del 4 al 6 de mayo últimos, con la presencia de más de 200 delegados de 32 países, fueron comunes las denuncias del incremento de la agresividad y militarismo de Washington, tras la caída de la Unión Soviética.

Lo confirman su protagonismo en conflictos posteriores como en la primera Guerra del Golfo (1990-1991), las guerras yugoslavas (1991-2001), las invasiones a Afganistán (2001-2014) e Iraq (2003-2011), y la intervención en Libia (2011) y Siria.

Estados Unidos tiene hoy más de 800 bases militares en unos 130 países del mundo, calificadas como instrumentos de agresión e injerencia, en Guantánamo denunció Ann Wright, antigua coronela del Ejército norteamericano y ex-diplomática, convertida en una activa pacifista desde la época en que George W. Bush realizó la brutal invasión a Iraq.

La integrante de la organización Veterans for Peace aseguró que la llegada a la Casa Blanca del republicano Donald Trump agrega más peligrosidad a la situación mundial. Lo prueban el reciente ataque con 59 misiles crucero a Siria y el forcejeo con Corea del Norte, a la que trata de intimidar con el grupo de ataque encabezado del portaaviones nuclear USS Carl Vinson

Según Medea Benjamin, cofundadora de la organización pacifista femenina Code Pink, también presente en el V Seminario Internacional, en Guantánamo, la bravuconería del controvertido mandatario ha despertado al movimiento pacifista estadounidense, adormilado durante los años de la administración Obama.

Oportuno que suceda eso en momentos en el que Trump solicitó para 2018 elevar en 54 mil millones de USD el presupuesto militar, entre otras cosas para mantener la supremacía de la fuerzas nucleares norteamericanas, incrementar el tamaño de la fuerza naval, por mucho la mayor del mundo, y garantizar la capacidad del Pentágono para intervenir en cualquier lugar.

A ese panorama de peligro se suma el hecho de que Washington está preparando una nueva doctrina militar ante una eventual guerra por el acrecentamiento de las tensiones con Rusia, por el conflicto con Ucrania, y con China, por la disputa en el Mar de China Meridional.

Por otro lado, el Día de la Victoria sobre el Fascismo, en Europa tiene la sombra de los reiterados intentos de reescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial no solo para minimizar el papel de la Unión Soviética en la derrota de la Alemania htilleriana, sino además con la intención de enaltecer a los nazis.

La Segunda Guerra Mundial en Europa duró desde septiembre de 1939 hasta mayo de 1945 e involucró a más de 80 países y regiones.

En el frente oriental el Tercer Reich tuvo 10 millones de soldados y oficiales muertos, heridos y desaparecidos, así como perdió a 48 mil blindados y vehículos de asalto, y 167 mil sistemas de artillería. El Ejército Rojo destruyó a 607 divisiones germano-fascistas. Todo ello representa el 75% de las pérdidas totales alemanas en la Segunda Guerra Mundial.

Nadie tiene el derecho de cuestionar el papel de la URSS en la conflagración, abonado por la vida de 13 millones de sus militares.

Pese a la innegable verdad, la enseñanza del odio a la Unión Soviética, antes, y a Rusia, ahora, han permitido a la propaganda de guerra de Estados Unidos y sus aliados alterar la percepción de la realidad al punto de que son minoría los que en Europa ven al Ejército Rojo como el gran vencedor sobre el nazi-fascismo.

Lo peor es que fuerzas de esa ideología salen de las sombras incluso en repúblicas otrora soviéticas, como Ucrania, Letonia, Lituania y Estonia, con la complicidad de las autoridades locales. Repugnante.

Con toda razón en una reunión con motivo del 70º aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz por el Ejército Rojo, el presidente Vladimir Putin acotó: “El olvido de las lecciones de nuestro pasado común puede llevar a que se repitan estas tragedias. Por eso estamos obligados a defender la verdad sobre los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial; defender la hazaña, la dignidad, el buen nombre de los vivos y los fallecidos”.

 

 

 

 

 

 


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