Niceto Pérez García: “ Para quitarme la tierra hay que matarme” (+Video)

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Guantánamo.- Antes del triunfo revolucionario de enero de 1959, el desamparo frente al apetito de latifundistas era uno de los mayores males sufridos por los agricultores cubanos. Por ello, la posibilidad del desalojo por vías ilegales o la fuerza se condenó en las luchas campesinas del Realengo 18 en Guantánamo y trajeron consigo un movimiento más fuerte en defensa de la tierra en toda Cuba, a raíz del fracaso de la tiranía de Gerardo Machado.

Para esa época, en esta región, se erigía un nuevo escenario de combate: El Vínculo, sitio cuyos terrenos colindantes estaban ocupados por la Guantánamo Sugar Company, la Compañía Ermita, S.A, y el latifundista Lino Mancebo Rosell, al cual llamaban sin distinción, El Tiburón o El Virrey de La Maya, poblado ubicado en la actual provincia de Santiago de Cuba.

El Virrey de la Maya anhelaba los terrenos del realengo, y para lograr hacerlos suyos utilizaba diversos subterfugios, entre ellos, el desalojo a sus habitantes. Y es justo en este escenario histórico, donde despunta Aniceto (Niceto) Pérez García, quien había nacido en el municipio de Güira de Melena, en La Habana, el 27 de marzo de 1908, pero se establece en tierras guantanameras en la zona de Juan Jutía, perteneciente al realengo El Vínculo.

Padre de cinco niños y miembro de la Asociación Campesina de El Vínculo, Niceto Pérez, poseía ocho caroes de tierra que solo producían para la subsistencia familiar y que defendió con fuerte resistencia junto a otros campesinos ante la actitud criminal de Lino Mancebo, administrador de la compañía.

Acompañado por una pareja de la guardia rural, Lino Mancebo envió a varios de sus hombres a ver al campesino con el objetivo de atemorizarlo, sin embargo, las amenazas no surtieron los efectos que deseaba el latifundista y la respuesta que recibió de Niceto fue tajante: “ Para quitarme la tierra hay que matarme”.

La réplica del pueblerino enfureció a Lino, quien, junto a sus secuaces entraron al terreno del humilde campesino, destruyeron sus cultivos y antes de marcharse, dejaron el mensaje: “Díganle a Niceto que lo vamos a picotear como a sus viandas”.

Corría el 26 de abril de 1946 y Niceto Pérez presentó una nueva acusación por las constantes amenazas de muerte que le hicieran Lino Mancebo y sus esbirros. Sin embargo, la Guardia Rural hizo caso omiso al líder agrario y, como resultado, fue vilmente asesinado el 17 de mayo de ese mismo año, mientras limpiaba de hierbas el platanal, en compañía de uno de sus hijos menores, en su finca María Luisa, en El Vínculo.

El campesino había oído que pronunciaban su nombre y al levantar la cabeza recibió un balazo en el pecho. La esposa de Niceto Pérez, al escuchar el disparo corrió hacia el lugar y pudo ver cómo Lino Mancebo, en compañía de su hijo y dos guardias rurales, tapaban sus armas mientras huían montados a caballo. Una hora después, moría en brazos de su esposa, pero antes le notificó, que sus asesinos eran Lino Mancebo y los guardias rurales.

El sepelio de Niceto Pérez García, el hombre que dio su vida por defender los derechos del campesino cubano, fue un acto de rebeldía. Y su muerte trajo consigo que las luchas por la defensa de la tierra continuaran no solo en esta zona, sino también en el Realengo 18, el Valle de Caujerí y otras regiones del país.

Los asesinos de Niceto Pérez estaban lejos de imaginar que 13 años después de aquel vil intento de borrar su ejemplo, el 17 de mayo de 1959, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, firmó en La Plata, Sierra Maestra, la Ley de Reforma Agraria, documento legal resolvería por siempre el problema de la tierra en Cuba y hacía valedero uno de los problemas principales planteados en el Programa del Moncada.

Llegaba el fin del latifundio, el desalojo y la injusticia en los campos cubanos. Más de cien mil familias recibieron la tierra que trabajaban y, de excluidos en su propia Patria, se convirtieron en verdaderos ciudadanos de un país donde se respeta la dignidad plena de sus hijos. A partir de ese momento, los sueños de los campesinos se convirtieron en realidad y producir más alimentos para el pueblo, se convirtió en consigna para seguir sembrando ideas, que una forma más de Hacer Revolución.


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