Mijaín López: «¡Donde yo esté, él no gana!»

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S el Makuhari Messe Hall A es grande, más grande es la lucha grecorromana cubana. Y tómenlo como cierto porque nuestras cuatro gloriosas letras se apoderaron hoy de todo este recinto con las actuaciones de los grequistas Mijaín López (130 kg) y Luis Orta (60 kg) en los Juegos de la XXXII Olimpiada.

Soberanas demostraciones sobre el colchón les anotaron en las finales del lunes, para deleite de nuestro pueblo, y como en la Isla los presentes en esta sala no pudieron mantenerse indiferentes.

. Mijaín “maltrata” a primeros rivales en Tokio 2020

«¡Donde yo esté, él no gana!» Gritó Mijaín al ingresar a la zona de entrevistas, en medio de aplausos y hurras de los allí presentes. Se refería al triunfo de minutos antes sobre el turco Riza Kayaalp, el más duro rival de su carrera, el único que le ganó dos veces en finales mundiales y le puso cuesta arriba las batallas olímpicas de Londres 2012, Río de Janeiro 2016 y hasta Tokio 2020.

Hay que decirlo, también ha sido un elemento motivador de su trayectoria y eso habrá que agradecérselo siempre, más allá de sus “macarronadas alardosas” que le costaron bien caro sobre los colchones bajo los cinco aros.

Vayamos al combate… El turco tenía un plan: se pondría pasivo al inicio y se defendería con todo en el suelo para dejar la pizarra 0-1 en contra en el primer período.

Después, en el siguiente segmento, trataría de forzar la pasividad del cubano para igualar la pizarra (1-1) e imponerse por última acción. El árbitro podría ayudar en eso, no lo duden…

Pero la armada cubana lo sabía y le “minaron la carretera”. ¿Cómo? Mijaín le ganó la pasividad inicial (1-0) y trató de matarlo en el suelo con una proyección (3-0) que solo los jueces vieron inapropiada, por un supuesto contacto con una pierna del moreno.

El pinareño «dejó eso a los árbitros», según contó después, pero su entrenador Raúl Trujillo sí consideró mala la decisión de anular la acción de dos puntos y parte de las cosas que pudieron derribar a su pupilo en un día tan especial de su carrera.

Con la pizarra 0-1, Kayaalp se frotaba las manos de cara al segmento complementario, pero Mijaín le salió como un bulldozer hasta lograr un segundo punto por pasividad que casi significó la victoria.

Tanto fue así que el Gigante de Herradura prefirió no trabajar en el suelo, reservar fuerzas y llevar a su oponente a la postura de pie, donde estaría “servido” por su evidente cansancio.

Un esfuerzo sobrehumano le dio a Kayaalp la pasividad que puso a Mijaín acostado sobre la lona, como una piedra, y era tal el reto que casi ni lo tocó.

A falta de minuto y fracción, la tarea del nuestro era aguantar y aguantar frente al desespero de un hombre que ve escapar su tercera oportunidad de llegar a la cima del Olimpo.

A segundos del final Mijaín se golpeó el pecho. Cuando sonó el silbato abrazó a Kayaalp y le dio un beso en la cabeza. Pensé en una reconciliación después de tanto jaleo, pero él mismo nos respondió la pregunta…

«La paz tiene que dármela él. Y el beso es para recordarle que yo soy su papá», comentó eufórico, entre gritos de júbilo, consciente de que la patria no durmió y valió la pena.

ORTA Y LA PROFESÍA

Un paso más hacia la gloria, impensada para muchos, dio Orta en la noche dominical… Se acerca a cumplir su promesa de que «vengo a ganarle a todo el mundo». 

En esencia: destrozó al moldavo Victor Ciobanu, subcampeón mundial de 2018, en las semifinales, por superioridad técnica de 11-0. Y se arrodilló a llorar, tapándose la cara con la trusa.

Era de alegría, claro, porque se lo prometió a su niña de dos meses de nacida, Bianca, sin que ella pueda imaginarse en que “bronca” anda su papá, ni que cosa es la lucha o Tokio. Veo la escena, pienso en mi Camila y me emociona, más al contarme que hoy le dijo a la abuela que Mijaín iba a ganar, que se despreocupara… ¡Vaya cosa!

Pues Orta se apareció en estado de gracia y ya tiene página en la historia olímpica cubana, una que intentará pintar de oro este lunes contra el japonés Kenchiro Fumita, campeón mundial en París 2017 y Nur Sultán 2019.

Tomado de JIT


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