Ciudadanos de El Líbano por cambios que nunca llegan

Ciudadanos de El Líbano por cambios que nunca llegan

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Ciudadanos de El Líbano por cambios que nunca llegan

A tres semanas de una explosión arrasadora del puerto de esta capital, el cambio esperado por muchos ciudadanos de El Líbano sigue a la distancia y otros anuncian que volverán a la carga de las protestas masivas.

En la percepción popular, la tragedia es achacable a los mismos políticos que hoy día negocian entre ellos la instalación de un Gobierno que dé respuesta al desastre.

Los reclamos sobre elecciones anticipadas y de salida de la elite política cayeron en saco roto, pues ninguno de los gobernantes piensa en el abandono de sus posiciones de privilegio.

La ciudadanía de la devastada Beirut, en cuyas calles todavía se ven fragmentos de vidrio y escombros, comprobó una vez más hasta qué punto un sistema de mecenazgo sigue siendo impenetrable.

De hecho, ahora resultan más poderosas las herramientas con que la élite gobernante aseguró control de poder a lo largo de 30 años.

El aumento de la pobreza en medio de una grave crisis económica les da una mayor influencia, con más personas desesperadas por obtener ingresos del clientelismo político.

Su control sobre el sistema electoral cobró mayor fuerza por una ley aprobada en 2017 que ofrece más oportunidades a los adinerados y dificulta la asunción de candidatos independientes.

Los partidos libaneses responden a una disciplina sectaria mediante una base arraigada en alguna de las 18 comunidades religiosas o étnicas reconocidas en el país.

La mayoría de esas formaciones las encabezan señores de la guerra civil de 1975-1990 o sus descendientes que están en la cima de la cadena alimentaria y al frente de poderosas empresas locales.

Así, reparten posiciones en ministerios e instituciones públicas para asegurar su respaldo caso de elecciones o consultas.

Los partidos opositores por encima del sectarismo defienden una agenda de reformas en un intento por romper esa barrera, pero carecen de unión y apoyo de base.

El movimiento de sublevación popular no va a ningún lado por la diversidad de criterios en cada concentración sin una dirección única que los conduzca

‘Para aprovechar el momento, se necesita gente a nivel de base lista para un apoyo total y esa determinación no existe en el Líbano’, subrayó Nizar Hassan, de la organización LiHaqqi, un movimiento político activo en las protestas masivas antigubernamentales.

Las organizaciones cívicas como LiHaqqi carecen de recursos, enfrentan intimidación y resultará muy difícil conquistar derechos por canales oficiales, en los cuales solo las élites tienen voz y voto y dinero.

(Tomado de Prensa Latina)


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