Vivir en sociedad

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Daños a la propiedad social. Foto tomada de Venceremos.
Guantánamo.- El respeto, en el mayor sentido de la palabra, el rescate de las buenas costumbres de convivencia social y de los valores humanos, que nos han caracterizado durante los últimos 60 años, son claves para que la sociedad cubana recupere el buen comportamiento de sus ciudadanos.

En tal sentido en oportuno abundar en dos términos que tienden a confundir, pero constituyen dimensiones de un mismo fenómeno: la propiedad pública y la privada.

Por ello el reto está centrado en lograr que las personas sientan como propios los bienes comunes. Y en ello mucho deben trabajar las familias y las escuelas en la formación de las nuevas generaciones de cubanos.

En nuestro país, por lo general, existe cierta tergiversación acerca de lo público y lo privado. Sabemos que lo público nos pertenece pero, ¿tenemos responsabilidad sobre esos bienes?

Es un tema recurrente, al cual habrá que atarle los cabos sueltos en materia de legislación para hacer cumplir con leyes, lo que muchas personas no acatan, porque la verdad es que nadie tiene derecho a causar daño a la propiedad pública, en este caso la estatal.

Ejemplos sobran. En parques, depósitos de basura, transporte urbano e interprovincial, teléfonos públicos, etc., están las marcas de la indolencia y la falta de cultura general de personas inescrupulosas que destruyen o dañan instalaciones sociales al margen de lo permisible.

Lo cierto es que actualmente en nuestro país no se mira con el mismo rasero lo privado y lo público, y esto último se encara como algo con lo cual se puede hacer y deshacer a nuestro antojo. Craso error que hay que atajar de una vez y por todas.

Todo pasa por un proceso cultural, en el que la participación real de las personas en la toma de decisiones, ya sea donde labora o habita, es determinante para que luego tengan sentido de pertenencia.

En esta “cruzada” por el sentido de pertenencia, no solo los ciudadanos atentan contra el patrimonio público; también están las instituciones estatales que en ocasiones no son conscientes de la importancia del asunto, pero de cuyo cuidado todos somos responsables.

La sociedad hay que verla en su conjunto; la clave está en definir hasta dónde lo público y lo privado, pero de forma coherente para que cada quien asuma compromiso, y por ende ganemos en cultura y bienestar social.

 


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