Vamos pa´l Changüí…

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Guantánamo.- Decir en Guantánamo “Vamos pa´l Changüí” es el equivalente en otras partes de Cuba a decir “Vamos a un guateque”. Pero para los lugareños del extremo oriental es mucho más: es orgullo de un legado sociocultural bicentenario que pervive, tradición serrana que conquistó la ciudad y expresión de una identidad de la cual es embajadora musical por el mundo.

 

Lo cierto es que desde el lejano siglo XIX este festejo y género músico-danzario es preferido del campesinado, a inicios de la vigésima centuria bajó a la urbe guantanamera, y hoy se revitaliza al reconquistar el corazón de un pueblo que lo sabe suyo, e imponiéndose a nuevos cánones musicales que vienen y van.

 Para el musicólogo José Cuenca, probablemente uno de los investigadores que más conoce de Changüí en Cuba, “esta antiquísima sonoridad de inestimable valor etnocultural, con influencia europea, africana y antillana, se encuentra en un momento de franca expansión en el panorama musical cubano”.

Se está mirando hacia ella –apunta el guantanamero- al buscar en las raíces verdaderos valores de la música nacional, que es carta de presentación en el mundo, y como alternativa ante tendencias actuales efímeras, en punto de agotamiento”.

En entrevista a la ACN Cuenca, quien es además coordinador general del Festival nacional que reverencia a este ritmo, se refirió a su vigencia no solo en sus más puros exponentes, sino también en noveles que lo recrean desde miradas más modernas y otras zonas musicales como el rap, la trova, el jazz, e incluso la clásica.

Fuera del país –asegura- músicos de la talla de Juan Luis Guerra se han interesado en el tema, mientras otros lo cultivan de lleno, como la clarinetista y saxofonista estadounidense Jane Bunnett, y su coterráneo Benjamín Lapidus, quien aprendió en Guantánamo a apreciar ese género y a tocar el tres.

“La proyección de esta cadencia ha sido asimismo internacional con las décadas de éxitos de la orquesta cubana El Charangón de Revé, y el fenómeno de redescubrimiento ahora ha hurgado hasta orígenes aún más remotos, muestra de ello es la incursión de jóvenes artistas en células rítmicas como el Nengón”.

El Changüí –señala el estudioso- mantiene toda su identidad, su manera de festejo popular: diversión con música, verso y baile en pareja, a contra tiempo y sin alzar los pies del suelo, guardando armonía con la rusticidad de su compás sabrosón, que remeda el paso de labriegos cosechando café y cacao en las montañas.

“En su ejecución se utilizan instrumentos comunes de la música nacional, pero su forma de interpretar el tres es distintiva, como lo es también el toque de su bongó -similar al quinto de la rumba y al tambor premier de la Tumba Francesa- y el uso de la marímbula, casi extinguida en los formatos musicales cubanos”.

Para la musicóloga Neris González, del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana, “el Changüí salió de su cuna campesina para irradiarse, y otros estilos y escenas se han apropiado de él, con una acogida multi-generacional, para bien del rescate de los valores de la música tradicional”.

La investigadora capitalina cita recientes influjos changüiseros en elogiadas creaciones del trovador Eduardo Sosa, el salsero Isaac Delgado, y el egregio cantautor cubano Pablo Milanés, quien se apropia de la esencia del ritmo desde la pieza Homenaje al Changüí, de su álbum Renacimiento.

Por mucho tiempo esa expresión se consideró simiente del son, pero más recientes estudios demuestran lo que ratifica el connotado musicólogo Olavo Alén: que son géneros independientes y nacieron a la par, resultado de la evolución del Nengón, sonoridad primitiva aún vigente en las cumbres orientales.

Alén precisa que pese a ser ancestral y haber sido urbanizado después del Son, es tan profundamente cubano que suena contemporáneo, y ejemplo es la sostenida popularidad del Charangón de Elito Revé, cuya fuerza changüisera conquistó este año el Gran Premio Cubadisco, repitiendo el éxito de 2011.

 Varios escenarios del mundo conocen del bicentenario género por los éxitos de esa agrupación también conocida como La Aplanadora de Cuba, fundada hace 60 años por Elio Revé padre (1930-1997), notable músico guantanamero a quien la fiesta nacional changüisera en su tierra natal rinde perenne tributo.

Precisamente el recién galardonado fonograma “La salsa tiene mi son”, es un homenaje a ese versátil percusionista y director de orquesta, y muchas de las piezas incluidas fueron puestas por él en órbita en la pasada década del 90, con un concepto de la timba que redimensionó la fuente original del Changüí.

Fue en la barriada de la Loma del Chivo -reconocido foco cultural de tradiciones en la Villa del Guaso- donde Revé vivió parte de su juventud y bebió de esa sonoridad, y de los toques de Tumba Francesa, bembé y rumba, que le ayudaron a conformar un estilo que perdura y defiende hoy su hijo.

 Desde este 23 de junio y hasta el lunes, por octava edición consecutiva, estará su “Charangón” en el bienal Festival changüisero junto a los cerca de 100 conjuntos locales cultores del género que, al decir de la experta en música María Teresa Linares, experimenta un clímax de calidad y le augura larga vida.


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