Un arca de vida

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Parque Nacional Alejandro de HumboldtGuantánamo.-  “De todos los seres vivos meterás en el arca dos de cada especie, un macho y una hembra, para que sobrevivan contigo. De las aves según su especie, de las bestias según su especie, y de todo reptil de la tierra (…)”.

Así cuenta el libro del Génesis bíblico que en una gran embarcación, y por mandato divino, resguardó el justo Noe la vida y su diversidad sobre la faz de la Tierra, ante la amenaza de un diluvio devastador como castigo por la corrupción y violencia del hombre.

Este relato se puede encontrar tanto en los textos sacros del judeo-cristianismo, la Toráh y el Antiguo Testamento, como en el Corán de los musulmanes, y según algunos estudiosos su origen puede remontarse a un mito de la civilización sumeria.

Y es que desde tiempos remotos el tema de la naturaleza y su cuidado, los fenómenos climáticos y la necesidad de garantizar la supervivencia han inspirado a narradores y rapsodas, y constituido asunto de preocupación para estudiosos con sensibilidad, sentido común y visión futura.

En el siglo IV antes de nuestra Era el eminente filósofo griego Platón afirmó con relación a lo maltratado que había sido el medio ambiente: “Nuestra tierra, comparada con lo que era, es como el esqueleto de un cuerpo consumido por la enfermedad”.

No en vano se lamentaba, porque este manto precioso del que depende la vida terrestre puede destruirse con rapidez aterradora, víctima del uso indiscriminado de sus recursos, causante entre otros males de la pérdida de la tierra fértil, la desaparición de los bosques, reducción del suministro de agua y la desertificación.

Ya en el XIX era tan visible la degradación que alarmó a otras mentes preclaras alrededor del mundo, incluido el Apóstol Cubano José Martí, quien entre muchas de sus reflexiones sobre el asunto escribió: “El mundo sangra sin cesar de los crímenes que se cometen en él contra la naturaleza”.

El hombre de fe, amor y respeto que fue Martí avizoró demás que, para la prosperidad de las tierras, era vital el mantenimiento de los bosques donde existen, mejorarlos donde han sido maltratados y crearlos donde no los hay.

Lo cierto es que la realidad nos alerta de la necesidad de construir un mundo mejor en equilibrio con sus riquezas, premisa insoslayable hoy, cuando la Tierra se debate en preocupantes crisis ambientales y económicas.

La Madre Natura es ahora quien ajusta cuentas, y no es leyenda ni mera sugestión.

El cambio climático se globaliza y catástrofes universales amenazan como respuesta al accionar depredador del ser humano para con los recursos naturales, actitud que ha puesto en peligro la sostenibilidad del ambiente, y más temprano que tarde la propia existencia del hombre.

Para mayor pesar a las naciones industrializadas, principales responsables de la contaminación ambiental, parece más importarles el peso de sus cofres que el llanto visible de la naturaleza y su advertencia.

 Alentadoramente no son pocos en el mundo los amantes y preocupados por el entorno, y ecologistas de instituciones estatales y no gubernamentales perfeccionan procesos de recuperación y protección de ecosistemas y sitios aún bien conservados, donde las comunidades silvestres encuentren medio para su desarrollo.

En Cuba, desde el triunfo revolucionario de 1959 el gobierno dio pasos concretos hacia un desarrollo sostenible. Solo un año después se crearon las primeras Reservas Naturales con carácter estricto de conservación, y más tarde se funda el Sistema Nacional de Áreas Protegidas, abarcador hoy de más de 200 parajes.

Uno de esos reconocidos santuarios es el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, verdadero pulmón del archipiélago que se yergue en las cumbres nororientales, para atesorar, cual Arca de Noe, la mayor biodiversidad y endemismo del Caribe Insular.

En sus más de 70 mil hectáreas, extendidas entre las provincias de Guantánamo y Holguín, se encuentra representado el dos por ciento de la flora mundial, y existe una fauna sobremanera rica, con un reporte de más de mil 200 especies, entre ellas una alta presencia de aves, reptiles, insectos, moluscos y arácnidos.

Lo abrupto de la geografía de este sitio -declarado en 2001 Patrimonio Mundial de la Naturaleza- se irguió en coraza contra la explotación forestal, de ahí que hoy exhiba amplias superficies vírgenes o muy bien conservadas, similares a las apreciadas por Cristóbal Colón en la Isla en 1492.

Hoy el mérito de su salvaguarda es también para quienes custodian sus riquezas: ingenieros, técnicos y guarda-parques que despliegan disímiles acciones protectoras de suelos, cuencas hidrográficas, la cubierta forestal de sus bosques y sus ejemplares del reino animal.

Dignas de imitar son estas acciones garantes de la supervivencia humana, que nos convocan a hacer del mundo un gran parque natural, un “arca” donde preservemos el planeta para las presentes y futuras generaciones. 


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