Teatro japonés de sombras en Cuba equilibra arte y humanismo

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Teatro japonés de sombras en Cuba equilibra arte y humanismo La compañía de teatro Kage Boushi de sombras humanas de Japón repondrá en Cuba un espectáculo colmado de valores como el agradecimiento, el sacrificio, la valentía y el respeto a las personas mayores.

 

Artísticamente impresiona, pero ante todo merece un aplauso el contenido porque los planteamientos de los cuentos hacen accesibles y útiles las obras para espectadores de cualquier edad, país y formación.

Una de las técnicas del teatro de sombras, la combinación con marionetas, permitió disfrutar la víspera en el Teatro Nacional de dos relatos de corte infantil: La grulla agradecida y El árbol del Mochi, ambas con una sincronía admirable entre luz y música.

El tercer cuento, titulado íQué levante la mano quien quiera divertirse!, brindó escenas cercanas a la magia pues los ejecutantes usaron todo el cuerpo para crear figuras o imágenes perfectamente identificables.

Avestruces, elefantes, monos, jirafas, pulpos, calamares, cangrejos, ojos con la pupila en movimiento, volcanes, árboles, ninjas, aparecieron y desaparecieron con fluidez y gracia.

Las interacciones entre los actores fueron realmente simpáticas e ilustrativas de los beneficios de la complementariedad, o sea, del trabajo en equipo imprescindible en una modalidad de teatro como esta.

El público cubano, muy aficionado al ballet, dio una calurosa ovación a una bailarina que se convirtió en cisne al compás de la música que Camille Saint-Sans creó para exhibir la naturaleza de ese animal mítico y luego Michel Fokine convirtió en una joya de la danza.

Las técnicas del teatro de sombras probaron tres axiomas, primero la proclama del presentador japonés cuando advirtió: “la sombra tiene vida”, segundo, la universalidad del lenguaje corporal, tan dominante que no se extrañan las palabras cuando se omiten.

En tercer lugar, un truco bien aprovechado desde la antigüedad, en batallas y en cada uno de los períodos históricos del arte, los pintores del Renacimiento, los impresionistas, los mejores utileros del teatro y los hacedores de magia aprovecharon que muchas veces el ojo ve justo lo que quiere ver.

De ahí a la realidad puede haber un tramo inmenso pero precisamente ese juego proporciona el encanto de esta modalidad teatral asumida por Kage Boushi, uno de los grupos más famosos de Japón, fundado hace 47 años y reconocido como embajador cultural de su país.

La sala Covarrubias del Teatro Nacional no alcanzó para tanto público deseoso de ver el espectáculo, más de 200 personas se quedaron afuera mientras otras debieron resignarse a ver la actuación de pie o sentados en el piso. Una vez dentro, nadie renunció a la posibilidad de saborear arte.


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