¿Qué hacer para que Fidel no muera? (+Video)

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Guantánamo. – Nunca conocí a Fidel. No le di la mano, no besé su mejilla. Ni lo acompañé en alguna travesía que encerrará un significado. Junto a él todo era especial, único, irrepetible. No lo conocí de cerca, sólo por los libros, la televisión y mis padres.

Lo más impresionante, como dijo Eusebio Leal, era ver al mismo hombre con veinte, treinta, cuarenta, setenta, ochenta años, con el mismo vigor, con el mismo ímpetu, bajo la lluvia o el sol, junto a presidentes, junto a las personas más humildes, sabiendo como escucharlas, o preguntando los detalles más impensables que escapaban a la vista. 

Sin embargo, me siento comprometida con su legado.  Tal vez el comunismo o el socialismo sean uno de los estadios más vilipendiados a nivel mundial, algo paradójico pues es el formación económica, política y social que más cerca esta del hombre y su lucha por la igualdad social.

Así lo comprendió el Comandante en Jefe y arrastró a todo un pueblo a ser partícipe de su visión y materializarla, porque los sueños también pueden convertirse en realidad. Ese es su legado: Ayudar al prójimo como a sí mismo. Defender el derecho a la equidad y la justicia de todos los hombres más allá de la raza, la idiosincrasia o el credo.

Lo recuerdo como un hombre mediático, sin dudas amado por muchos e incomprendido por aquellas personas que siempre antepusieron los intereses económicos a la moral. 

Muchas veces habló a los jóvenes, convencido de que la continuidad histórica e irreversibilidad de la Revolución Cubana está en nuestras manos. Hoy me preguntaba, ¿Qué hacer? ¿Cómo darle continuidad a las ideas de un hombre, de una generación que lo dio todo por la soberanía de la patria? ¿Qué debo hacer como joven para continuar con este proceso histórico, para defenderlo de los intereses imperiales que piensan que tras la pérdida física de Fidel ha muerto el último bastión de resistencia social en el mundo?

Tal vez la juventud no tenga esa visión futurista, ni le experiencia de aquellos hombres que lucharon en la Sierra Maestra. Los tiempos son otros, los molinos de vientos son otros y el asedio a las revoluciones de izquierda cobra dimensiones impensables.

Nuestro deber, el deber de los jóvenes cubanos, fidelistas, martianos, marxistas es defender las ideas de equidad entre los hombres, más allá de los intereses comerciales, más allá del lucro, más allá de los cantos de sirenas que pretenden socavarnos y terminar con un proyecto que ha sobrevivido por más de cincuenta años frente a las narices de un imperio demoledor de soberanías, engullidor de independencias y de los recursos materiales y minerales autóctonos de los pueblos.

El legado de Fidel Castro son las conquistas sociales en materia de salud, educación, deporte, en cualquier esfera de la vida cotidiana de los cubanos está presente la obra del líder histórico dela Revolución Cubana. Su impronta está en el mundo, en las naciones que fueron oprimidas y encontraron en él un redentor, en cualquier lugar del orbe donde estén brindando los cubanos ayuda humanitaria.

Tal vez los más pequeños se pregunten ¿Quién fue Fidel? Tal vez muchos no seamos conscientes de la trascendencia de su pensamiento. Tal vez muchos lo aprecien más ahora que no lo tienen, ahora que se ha ido para siempre.

Nos toca a los jóvenes heredar un proyecto social que costó sangre, un proceso que comenzó en 1868 y culminó el primero de enero de 1959. Un proyecto que no es perfecto porque es una obra humana. Un proyecto que juntos debemos defender, porque es una revolución de los humildes y para los humildes.   


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