Paisajes de Guantánamo en la geografía vietnamita

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Guantánamo.- La vista viaja sobre un lienzo verde infinito y se detiene sobre una antigua ciudad arropada en su historia  ¿Cómo la loma tejió tan formidable traje de monte?, ¿De dónde salió tanta vida?, ¿alguien se atreve a negar la resurrección?,  ¿quién dice que para llegar hasta el paraíso hay que subir hasta el cielo?

 

El zigzagueo del vehículo recuerda la serpiente de concreto que lleva hasta Baracoa, invoca los alrededores del yunque, y rememora la jungla hacia el interior del zoológico de piedras. Pero esta no es la Farola, ni la primada,  ni la obra monumental de Ángel Íñigo. Ando lejos,  muy  lejos de Cuba.

En las montañas que rodean a Hue, centro geográfico de Vietnam,  las preguntas estallan como las bombas y el agente naranja que hollaron estos parajes. ¿Cómo la loma tejió tan formidable traje de monte?, ¿De dónde salió tanta vida?, ¿alguien se atreve a negar la resurrección?,  ¿quién dice que para llegar hasta el paraíso hay que subir hasta el cielo?

La vista viaja sobre un lienzo verde infinito y se detiene sobre una antigua ciudad arropada en su historia. En tiempos lejanos, cuando Francia intentó conquistarla, los hijos de Hue decidieron “…morir, miles sobre miles, para cerrarles el camino”, reseña José Martí.  

Idéntica fue la reacción de sus defensores ante el invasor norteamericano. Todo empieza en la última madrugada de enero de 1968; los héroes vietnamitas penetran en Hue, toman la urbe;  los invasores no  resisten el golpe, no lo esperaban, David sorprende a Goliat, el grandulón se retira desconcertado, derrotado.

Luego retorna. Toda la furia imperial sobre el antiguo enclave dinástico: la aviación, helicópteros, tanques, bombas, artillería. Los patriotas resisten, la pelea se prolonga.

Transcurre una semana de combate dispar, cuadra por cuadra, casa por casa, pulgada a pulgada. Más de seis mil pobladores quedan sin vida, decenas de miles sin casa, la ciudad es escombros, barbarie, repudio mundial.

Soberbio, quejoso, impotente, alza la voz Goliat; Robert Kennedy, desde la casa blanca: “con medio millón de soldados, con el dominio total por aire y mar, apoyados por los enormes recursos y las armas más modernas, somos incapaces de controlar, incluso,  una sola ciudad.

Como el principio del fin para el ocupante, califican los analistas a la batalla de Hue, la ciudad imperial que hoy se yergue  plena, próspera, encantadora;  al visitante le parece una réplica de paisajes guantanameros en el centro de la ciudad.


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