Oro alto y sin esperar… desde un atletismo crecido

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Siempre repetimos una y otra vez que el deporte está colmado de sorpresas, unas buenas y otras malas, unas que convierten en realidad el sueño y otras que lo echan por tierra.

Por suerte esta noche la del atletismo cubano y en especial la del saltador de altura Luis Enrique Zayas se incluyó entre las primeras. Esas que se te van a aparecer en cada ocasión que hables de los momentos inesperados que se volvieron de gloria.

Y no solo porque el capitalino de 22 años fuera uno de los últimos incluidos en el equipo, también porque ni el más optimista lo tuvo en cuenta cuando habló de pronósticos y por añadido no era el centro de atención en esta fría tarde-noche en el estadio de la Videna.

Más focos atraía quien desde las gradas le daba instrucciones: el recordista mundial Javier Sotomayor. Todo un mentor de lujo y que vino a completar el trabajo hecho desde hace meses por otro también campeón de estas citas Juan Francisco Centelles.

Es decir que la ecuación quedó perfecta entre seis manos para un título que llegó con récord personal de 2,30 metros, otro detalle que no muchos se hubieran atrevido a avizorar.

Luis Enrique vivió hace tres años una escena parecida camino al oro mundial juvenil, como en aquella ocasión esta vez estuvo impecable… iluminado… creo que hasta impulsado por un Sotomayor orgulloso de ser de alguna manera protagonista en esta escena.

«Siempre que puedo trato de estar en las competencias y apoyar, y esta vez estoy más contento», reconoció el astro cubano que disfrutó cada momento como si él mismo fuera el que estuviera retado allí.

«Solo le estaba haciendo algunas indicaciones del ritmo de la carrera de impulso y que se estaba yendo muy dentro, pero sobre todo mantenerlo con la motivación siempre arriba», aseguró el único que ha podido sobrepasar los 2,45 metros en el mundo.

Luis Enrique se convirtió en el cuarto cubano que se corona a este nivel luego de que su entrenador Centelles lo hiciera en Caracas 1983, Sotomayor en Indianápolis 1987, La Habana 1991 y Mar del Plata 1995, y Víctor Moya en Río de Janeiro 2007.

«Fue algo increíble tener a Sotomayor aquí», asiente entonces el feliz nuevo monarca, y asegura que tras saberse con el triunfo fue su madre la primera que vino a su pensamiento, también su padre y su entrenador.

Los 2,15 metros, los 2,18 y 2,21 fueron alturas salvadas sin fallos, siguieron los 2,24 y 2,26 con un foul de primera instancia y todo se completó con impecable 2,28 y el ya ganador 2,30.

El canadiense Michael Robert Mason se convirtió en el único que “aguantó” ese ritmo, incluso ambos llegaron casi parejos a los 2,28 y fue la varilla en los 2,30 la que marcó la diferencia.

En un intento desesperado el norteño pidió 2,32 porque era la única vía para presionar… pero sin éxito, la plata fue lo suyo, y el mexicano Roberto Vilches con 2,26 copó la zona bronceada del podio.

Cuba se despidió del viernes con otra medalla, el bronce de Liadagmis Povea dueña de 14,60 metros en un salto triple que tenía nombre desde hace mucho y era el de la venezolana Yulimar Rojas a la que no le bastó ganar, tuvo que hacerlo con récord personal y para la competencia de 15,11 metros.

La alumna del cubano Iván Pedroso logró el registro ganador en el cuarto intento y borró los 14,92 metros con que la colombiana Caterine Ibargüen reinó en Guadalajara 2011. Por cierto esta fue operada este mismo viernes en Bogotá de la lesión que le hizo abandonar los Juegos hace dos días.

En plata quedó ahora la jamaicana Shanieka Ricketts con marca personal de 14,77 metros.

Aunque hizo lo mejor de su temporada, 39.19 segundos, el relevo cubano de 4×100 entró séptimo a la meta pues se corrió muy fuerte en la Videna y Brasil es el nuevo dueño del oro con 38.27 por delante de Trinidad y Tobago (38.46) y Estados Unidos (38.79).

Cuba lleva cinco medallas de oro y mañana pudiera despedirse bien arriba con la del salto triple entre hombres, porque el jovencito Jordan Díaz se ha propuesto esa meta.


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