Oppenheimer es sinónimo de cobarde

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Guantánamo.- Un cobarde acaba de publicar un insulto a la memoria de Fidel Castro en la edición digital de El Nuevo Herald, el libelo de la mafia gusano-yanqui de Miami. El tipejo es un laureado periodista y escritor, pero ninguno de los premios recibidos le exorcizan de su espíritu.

Para complacer una vez más a la fauna salvaje anticubana de Miami, Andrés Oppenheimer se atrevió a afirmar que el líder histórico de la Revolución cubana carecía de valor.

Aúlla la ofensa porque muchos de los mensajes de condolencia al pueblo y gobierno cubanos enviados por jefes de Estado y de Gobierno, así como por personalidades mundiales, exaltan la valentía inherente de Fidel.

Oppenheimer no peca de estúpido sino de algo peor: de vil. No expone argumentos sino sandeces para sustentar su desvarío, como aquello de que Fidel “temía” a las llamadas elecciones libres o al pluripartidismo o la existencia de una prensa “independiente”.

Considerado un influyente intelectual, este señor actúa como un imbécil al dudar del impacto del bloqueo yanqui en Cuba y afirmar que el anuncio de la muerte de Fidel fue un “montaje gubernamental” por coincidir el 25 de noviembre con el aniversario 60 de la gloriosa partida del yate Granma desde Tuxpan.

Afirma que no lo “impresiona” el hecho de que Fidel fue un revolucionario que desafió a 10 presidentes de los Estados Unidos y sobrevivió a innumerables intentos de asesinato. Es un tarado crónico además.

En estos días en que los cubanos de verdad y sus amigos en todo el mundo nos da tristeza y dolor su partida física, se rememoran los muchos hechos que dieron forma a la extraordinaria personalidad del Comandante en Jefe y lo convierten en un mito inconmensurable, con valor genuino y eterno.

Se pueden mencionar el asalto a los cuarteles Moncada y Céspedes, la travesía heroica de 82 hombres apiñados en una cáscara de nuez, la convicción de ganar la guerra pese a tener apenas ocho hombres y cinco fusiles luego de la derrota en Alegría de Pío, y la victoria con apenas 3 mil guerrilleros sobre un ejército de 80 mil armado, entrenado y asesorado por los Estados Unidos.

Fidel tuvo un buen par de cojones para hacer una Revolución auténtica en las narices del imperio, pulverizando la sumisión vergonzosa de Cuba a Washington. Es más, a los yanquis les nacionalizó centrales azucareros, empresas, bancos y tierras, estando todavía fresca la intervención de la CIA en Guatemala.

Le propinó al Tío Sam una vergonzosa derrota en Girón y brilló como estadista en los días luminosos y tristes de la Crisis de Octubre, en los que fustigó incluso al aliado por el arreglo hecho a sus espaldas, por demás inconveniente para Cuba.

“Fidel Castro era tal vez el líder revolucionario en el poder más genuino de aquellos momentos”. Esta frase no la escribió ningún amigo o admirador del Comandante en Jefe. Por el contrario, la anotó Henry Kissinger en sus memorias.

El exsecretario de Estado y asesor de varios presidentes norteamericanos fue el enemigo que consideró invadir a Cuba en 1976, cuando con el envío de combatientes internacionalistas Fidel derrotó los planes de Washington y la Sudáfrica del apartheid de poner a Angola bajo su dominio.

En la de Fidel fue la voz de Cuba la que se opuso de inmediato al mandato imperial de George W. Bush, el hijo de…, de “quien no está con nosotros, está contra nosotros”, en la fracasada guerra global contra el terrorismo.

Muchos, muchísimos son los hechos, no palabrería, que argumentan la valentía paradigmática del líder histórico de la Revolución caribeña.

El calificativo de cobarde sí le cabe, por completo, a Andrés Oppenheimer y no solo por renunciar a los mejores atributos del buen periodismo para complacer a la canalla de Miami con sus panfletos anticubanos en El Nuevo Herald.

En una entrevista concedida a Luis Báez, fruto de la cual es el libro “Miami, donde el tiempo de detuvo. Revelaciones de Luis Ortega.” (Editorial Ciencias Sociales, 2001), el brillante y controversial periodista cubano radicado en los Estados Unidos recordó un capítulo turbio del señor editor para América Latina y columnista de The Miami Herald.

Según Luis Ortega, Oppenheimer, argentino, “fue miembro del Ejército Revolucionario del Pueblo, lo cogieron preso, habló más que una cotorra y en premio los militares lo dejaron salir del país. Vino a vivir a los Estados Unidos. Hace años escribió un libro titulado La Hora Final de Castro, profetizando la inminente caída de Castro para ganar méritos con la mafia de Miami y le perdonaran sus pecadillos”.

Así Oppenheimer es sinónimo de cobarde.

 

 

 

 

 


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