Mandela; la luz que no se apaga

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Nelson MandelaGuantánamo.- Han transcurrido dos años desde que una noticia nos conmovió, la muerte de Nelson Mandela, símbolo de resistencia y de la lucha contra el racismo del apartheid en su Sudáfrica natal.

¿Qué decir acerca de un hombre cuya grandeza rebasa su estatura, alguien que se hizo inmenso cuando su lucha lo mantuvo preso por veintisiete años donde no le permitían usar zapatos y por eso al salir, no supo cómo acordonarlos…

Tres años después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo entero creía que los horrores habían quedado sepultados en los campos de concentración nazi, el primer ministro Johannes Gerhardus Strijdom, prohibió cosas nunca antes vistas en Sudáfrica: las personas de raza negra no podrían ocupar posiciones en el gobierno, no podían votar, no podían tener ciertos negocios, no podían acceder a ciertas zonas del país y no podían usar el transporte público sin ciertas condiciones. Los edificios públicos contaban con entradas diferentes para negros y blancos, no podían ir a teatros, al cine ni a la playa. Incluso, les fueron prohibidos el matrimonio y las relaciones sexuales interraciales.

Y creó los Bantustán, una serie de territorios que se crearon como reservas tribales para quitarle la ciudadanía sudafricana a la mayoría negra del país y de allí precisamente surgió el gran héroe de la derrota de ese régimen racista. Para lograrlo, tendría que vivir en la clandestinidad y sufrir casi tres décadas en cautiverio.

Recuerdo las imágnes de cuando, al fin, fue liberado, de la alegría de millones de personas en el mundo. También su primer encuentro con otro de los grandes, Fidel Castro, si visita a Cuba, el reencuentro en Sudáfrica, la crítica de algunos por su amistad con el mandatario cubano y su categórica respuesta:

“Aquellos sudafricanos que me han criticado por ser leal a viejos amigos, bueno, pueden irse y tirarse al agua. No voy a traicionar la confianza de aquellos que nos ayudaron”.

La muerte del Premio Nobel de la Paz, sigue siendo referencia obligada cuando se hable de grandes hombres, su presencia permanecerá intocable en la historia de un país, de un continente, de este mundo.


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