La representación social del periodismo

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Guantánamo. – Mis cortos años en el periodismo me han demostrado que la sociedad establece roles y estereotipos que no siempre se apegan a la realidad y si al imaginario popular.

Mi profesión, en muchas ocasiones deviene motivo de polémicas y presunciones erróneas, unas resultan cómicas, otras molestas, pero han dejado en mí una valiosa enseñanza que pretendo compartir.

Una noche llegaba a casa justo al momento de empezar una reunión del Comité de Defensa de la Revolución, (CDR) de la que no tenía ni idea. Me acomodo en un lugar poco visible, por precaución… o intuición.

Cuando el silencio lo permite, la presidenta del CDR, explica que el contacto es para alertar sobre las medidas para mantener a raya los índices de infestación del mosquito aedes aegypti. “Es un tema de gran importancia, pero la periodista les explicará más sobre el asunto” espeta ella sin previo aviso.

Asombrada compruebo que la convención social dicta que en un barrio donde viven más de una decena de doctores, debo saber más yo, por ser periodista. Para muchos, esta profesión implica saberlo todo o casi todo, como si fuera pecado capital no poder responder a alguna pregunta o quedarse sin palabras ante una situación determinada.

En otra ocasión, en pleno ejercicio reporteril, me ocupaba de entrevistar a los transeúntes al respecto de la calidad de los servicios gastronómicos. Sin venir a cuento y como respuesta a mi interrogante un hombre me dice “Yo no quiero saber nada de los periodistas, ustedes solo dicen mentiras”. Al pedirle argumentos que respaldaran su afirmación, ni corto ni perezoso me contestó “… anuncian planes que nunca se cumplen, dicen lo mismo una y otra vez, solo hablan de lo bueno.”

Nuevamente la imagen que la sociedad construye alrededor de la profesión me jugó una mala pasada. En ocasiones, algunas fuentes realizan declaraciones que no se materializan total o parcialmente y aunque se le dé seguimiento al tema, se corre el riesgo que la explicación o la crítica que se realice, no llegue a las mismas audiencias que la noticia inicial, de ahí que la información ofrecida en primera instancia, se interprete como una falacia y los periodistas como mentirosos.

En otro chance, mientras investigaba sobre la producción y comercialización de los materiales de la construcción, una señora visiblemente indignada me echó en cara lo que frecuentemente muchos dicen de soslayo “ustedes no resuelven nada ¿para qué hablar entonces?”.

Con esta última coincido plenamente. La prensa, los medios, los periodistas no resuelven ni deben resolver los problemas que no sean propios de la prensa, no es su función social incrementar las viandas, subir los salarios, establecer las políticas, bajar precios, erradicar la corrupción… sino contar las historias, visibilizar los logros y también los problemas, plantear puntos de vista sobre un conflicto, analizar la realidad, educar, enternecer, fustigar, criticar, mediar entre los que detentan el poder y las masas a quienes estos deben representar…

La representación social al respecto de nuestra profesión, va desligada de la realidad, en muchas ocasiones y no entraré en detalles respecto a la remuneración económica, las condiciones materiales para realizar el trabajo o a la encomienda de cada día retratar la realidad, despojada de primas y matices, intentando satisfacer o al menos tocar, la mayoría de los puntos de vista.

El oficio del periodismo puede resultar contradictorio en muchos sentidos: ingrato, pero hermoso; cuestionado a la vez que valorado, lleno de escollos y obstáculos; precisa de libertad para crear e investigar y de compromiso social con la tarea que se realiza… pudiéramos polemizar sobre ello una eternidad sin llegar al consenso…

Lo cierto es que no se trata de una profesión para cínicos, pues solo aquellos seres humanos de una inmensa claridad y calidad moral, podrán materializarla, sin sucumbir a lo que la representación social le dicta en convertirse.

 


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