El internacionalismo como bandera

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Guantánamo.-  Si alguien abrazó la idea martiana de que “Patria es humanidad”, y la supo llevar adelante y convertir el internacionalismo solidario en un símbolo, ese es Fidel Castro Ruz, el Padre de la Revolución cubana.

La mano generosa de Cuba apoya con creces las causas nobles de los países del tercer mundo, a muchos que la necesitaron en su lucha contra fuerzas agresoras, como en el continente africano, con batallas épicas como la de Cuito Cuanavale, en Angola.

Los internacionalistas cubanos hicieron una contribución a la independencia, la libertad y la justicia en África, que no tiene paralelo por los principios y el desinterés que la caracterizan. Es mucho lo que habrá que aprender de su experiencia.

Pero no solo en el terreno militar la presencia de la mayor de las Antillas resultó decisiva en África. Otros contingentes de maestros, constructores, y sobre todo médicos, han llegado hasta el continente negro para ayudar a sus hijos a salvar y mejorar sus vidas.

Entre las hazañas más recientes está el contingente de profesionales cubanos que llegó, enfrentó y venció al mortal virus del ébola en el áfrica subsahariana, donde se multiplicó el ejemplo de Cuba y su promotor fundamental, el insustituible Comandante en Jefe.

Y es que, desde el día luminoso del Primero de enero de 1959, la Revolución cubana es fuente de inspiración para todas las personas progresistas del mundo, de los hombres y mujeres que aman la libertad, que sueñan y batallan por un futuro mejor ante tanta injusticia que prevalece en el planeta Tierra.

Fidel nos enseñó a ser internacionalistas y contribuir, con ello, a pagar nuestra deuda de gratitud con la humanidad.  Nunca olvidaremos las primeras gestas independentistas, con la activa participación de destacados combatientes de diferentes nacionalidades, como el Generalísimo, Máximo Gómez, de República Dominicana, o el inglesito Henry Reeve.

La figura del argentino Ernesto “Che” Guevara, también se alza como paradigma esencial del internacionalismo, y desde su ejemplo, desde su entrega contribuyó al triunfo de la Revolución cubana y fue a “otras tierras que reclamaron el concurso de sus modestos esfuerzos”.

Fidel enarboló siempre las banderas del internacionalismo, otro legado que queda para siempre en el archipiélago cubano, en cada uno de sus hijos para hoy, y para siempre.


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