Conocidas espeluncas integran guía patrimonial guantanamera

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Cueva Las Patana en Maisí, GuantánamoGuantánamo.- Afamadas cuevas integran la Guía Patrimonial de Guantánamo, región de grandes valores naturales y folclóricos, y punto de partida de los primeros brotes de rebeldía contra la colonización española en Cuba, en particular en Baracoa, su segundo municipio más importante.

El representante de la Fundación Núñez Jiménez La Naturaleza y el Hombre en Guantánamo, Máster en Ciencias Mario Montero Campello, un admirador de ese compendio, explicó esas espeluncas figuran la de La Patana, en Maisí, visitada por el geógrafo español Miguel Rodríguez Ferrer.

Destacó que ese científico fue el primero en explorar con fines arqueológicos las profundidades subterráneas del archipiélago y es el autor de la frase “la isla entera parece por debajo un laberinto de cuevas”.

En la caverna maisiense tuvieron lugar los primeros estudios térmicos y bioespeleológicos sobre esos tipos de hábitat en la mayor de las Antillas, se localizaron pictografías taínas y el Cemí de Gran Tierra, obra escultórica tallada en guayacán negro, con incrustaciones de concha marina, acotó el renombrado ambientalista guantanamero.

La pieza la labraron en esa madera preciosa los indios taínos del extremo más oriental de Cuba, representa la figura de una persona y fue pirateada por el arqueólogo norteamericano Mark Harrington, quien la trasladó al neoyorquino Museo del Indio Americano, que la exhibe desde 1915.

Otra cueva enriquecedora del catálogo patrimonial guantanamero es la de Poncio o Ponce, escenario del hallazgo del hacha ceremonial de igual nombre, la más original y antigua de las Antillas, reencontrada en 1979 en un museo de Madrid por el desaparecido científico cubano Manuel Rivero de la Calle.

En un interesante artículo el autor de Antropología de la Población Adulta Cubana narra que la pieza la envió en julio de 1847 a Rodríguez Ferrer un campesino de Baracoa, nombrado Juan Pradal.

Según Rivero la espelunca fue explorada a fines del siglo XIX por los doctores Carlos de la Torre y Fermín Valdés Domínguez y se creyó perdida para la ciencia hasta junio de 1980 en que la localizaron, a escasos kilómetros del Faro de Punta de Maisí, investigadores del museo Montané, de la Facultad de Biología de la Universidad de la Habana, con el apoyo de un grupo de aficionados a la espeleología de la Villa Primada de Cuba.


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