Baracoa se levanta

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El emblemático hotel La Rusa, muy cerca del malecón baracoense, recibe los toques finales de restauración de los notables daños que sufrió en el techo y algunas áreas. Foto: Rodny Alcolea.Baracoa, Guantánamo.- El huracán Mattew puso un punto y aparte en la vida de quienes residen en Baracoa. Después del 4 de octubre en la Ciudad Primada de Cuba comenzó una nueva vida, más difícil, más compleja y llena de inconvenientes, pero también caracterizada por un espíritu emprendedor, típico de los cubanos y especialmente de los orientales, siempre aguerridos y jamás vencidos.

Baracoa se levanta

Por eso Maximiliano González, con sus más de 70 años sobre los hombros, nos recibe con una sonrisa amplia mientras extiende el dedo índice para mostrarnos que su humilde vivienda quedó sin techo y que la pared posterior se la llevó el mar “como por arte de magia”. Y nos guía hasta donde tiene las nuevas tejas de fibrocemento que le acaban de entregar, como parte del módulo que garantizan para los damnificados.

Y así les sucede a miles de baracoenses, a los que el endemoniado Mattew les llevó todo, casi todo y buena parte de lo que tenían. Pero la vida sigue. Sigue con en su ajetreo cotidiano, en su andar apresurado; más complicada que antes, eso sí, pero llena de proezas cotidianas y de la esperanza de que Baracoa, la bella Baracoa, vestirá más temprano que tarde sus elegantes galas de siempre para levantarse en el tiempo y ratificarle al mundo: ¡Yo fui, soy y seré la Primada de Cuba!

Bien lo dijo el cantautor Raúl Torres en una canción estrenada precisamente el 20 de octubre pasado, fecha muy significativa para la cultura cubana: “Baracoa se levanta”.

Y se alza con el trabajo de sus hijos y de quienes han llegado de todos los lugares del país. El daño es tan grande que solo con las manos de los lugareños no es posible resarsirlos.

Onel Navarro Guilarte, secretario general de la CTC en ese municipio, afirma: “Al pasar a la fase recuperativa, de manera inmediata los trabajadores se dieron a la tarea de botar escombros, apoyar a las brigadas que llegaron de otros territorios, reanimar los centros y darles vitalidad… La actitud ha sido digna. Muchos que no tienen techo o vivienda están en las funciones laborales que les corresponden. Hay entidades como el Lácteo, el Cárnico, todas las panaderías, las farmacias y diversos centros gastronómicos, así como el 70% de las escuelas, que ya restablecieron plenamente sus procesos. No obstante, queda muchísimo por hacer, porque los daños son enormes”.

En la Primada de Cuba el fondo habitacional quedó seriamente afectado. A fin de que quienes sufrieron derrumbes totales puedan crear una facilidad temporal en la cual protegerse del sol y las lluvias que persisten como una cola malévola del demonio, el Consejo de Defensa Provincial decidió entregar, de forma gratuita, un módulo de 50 tejas de las llamadas infinitas, 15 tablas de madera, un saco de cemento y cinco libras de puntillas y clavos.

El panorama que se aprecia al andar Baracoa es de un desastre enorme, pero también de un ajetreo inmenso, de una labor que comienza apenas amanece y termina cuando el astro rey dice adiós por el occidente, tras el lomerío.

En los puntos de venta que ya existían y en otros habilitados de manera eventual se venden los materiales que los pobladores adquieren a mitad del precio establecido con anterioridad y con la facilidad que proporcionan los créditos otorgados por el Banco. No obstante, resulta evidente que se precisa una mayor agilidad, sobre todo en el proceso de registro y la conformación de la documentación correspondiente y en la entrega de los productos.

Hasta que los “atajen”

Cuando íbamos rumbo a Baracoa, topamos, como dicen los lugareños, con una brigada perteneciente a la empresa agroforestal Gran Piedra Baconao, en Santiago de Cuba, quienes dejaron atrás las comodidades del hogar y las faenas en la zona donde laboran habitualmente, para rescatar la madera que Matthew arrancó despiadadamente a su paso y dejar las áreas forestales en condiciones para ser rescatadas y que vuelvan a llenarse de árboles de las más disímiles especies.

Cerca de la comunidad de Palma Clara, en La Farola,

Yoendris, Luis Carlos, Jener y otros trabajadores forestales, hasta sumar doce en total, están desde pocas horas después del paso del ciclón. El propósito ha sido y es cortar, acopiar y transportar todos los troncos que puedan convertirse en tablones y tablas, extraordinariamente útiles y necesarios en las labores de recuperación.

Raimundo Francis de León, subdirector de producción de la unidad empresarial de base (UEB) del Olimpo, perteneciente a la referida entidad forestal santiaguera, está al frente del colectivo. “Mucha de esta madera será procesada en Santiago de Cuba, pues en la actualidad los aserríos guantanameros no tienen la capacidad suficiente para procesar todo lo que se extrae”, expresa.

Las condiciones de trabajo son muy complejas, pues las ejecutan en medio de colinas empinadas, con declives notables, dentro de un bosque aún más tupido por las ramas partidas y entrecruzadas, y con la casi permanente presencia de la lluvia que provoca un lodo abundante, pegajoso y resbaladizo.

La disposición de los integrantes de la brigada es avanzar lo más posible, a un ritmo fuerte en cada jornada. Ellos estarán en las áreas boscosas cercanas a La Farola hasta que “los atajen”, como afirmó jocosamente y con ese singular tono oriental del habla uno de los trabajadores.

De lo que se hace hoy en las zonas afectadas hay mucho que contar. Existen historias inéditas de hazañas inimaginables, proezas cotidianas que no deben quedar inadvertidas, manos tendidas que permiten cruzar ríos tan caudalosos como el Toa, acciones de amor y solidaridad que intentan —y de alguna manera lo logran— levantar el espíritu en medio de la desgracia.

De todo eso y algo más, seguiremos contando desde el extremo más oriental de Cuba.


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