Acogedora, única y natural: Baracoa (+ Video)

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Guantánamo. – Más allá de La Farola, del sol, de sus ríos y playas, se erige la Primera Villa fundada el 15 de agosto de 1511 por Diego Velázquez. De ese acontecimiento existe la única Cruz de la Parra en la iglesia parroquial Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, única pieza que se conserva de las 29 plantadas por Cristóbal Colón durante su viaje por América.

Si visitas esta bella ciudad por tierra, se impone atravesar el serpenteante viaducto La Farola, construido en la primera mitad de la década de 1960. Así, disfrutarás del atractivo espectáculo que exhibe dicha zona completamente exótica con la tenencia de 11 puentes colgando al vacío, a una altura de más de 600 metros sobre el nivel del mar.

La historia de Baracoa, primera capital y obispado de la mayor de las Antillas, comienza con la llegada de Cristóbal Colón, el 27 de noviembre de 1492, quien, admirado por su natural belleza, escribe en su Diario: la más hermosa cosa del mundo […] Andando por ella fue cosa maravillosa ver las arboledas y frescuras, y el agua clarísima […] que dice que le pareció que no quisiera salir de allí.

Llegar a esta sorprendente ciudad, situada en medio de una región montañosa casi virgen rodeada por incontables manantiales y saltos pintorescos y entre las bahías del mismo nombre y el rio Miel, es una inolvidable aventura.

Recorrer el centro histórico de Baracoa, declarado Monumento Nacional, es un espectáculo atrayente para el visitante. Y caminar sus calles, es apreciar la arquitectura local de sus más antiguas viviendas, dotadas de amplias puertas y ventanas enrejadas, escoltada por sus techos de tejas por lo regular a dos aguas.  

En Baracoa aún se conservan las evidencias del sólido sistema de fortalezas coloniales que la defendían del asedio de piratas y corsarios. Muestra de ello son los fuertes Matachín, sede del Museo Municipal; La Punta y Seboruco, los torreones de Joa y Caguase, y el Castillo, devenido en placentero hotel.

Declarada Monumento Nacional, es asombroso el exotismo paisajístico de esta ciudad que posee más de 80 kilómetros de costas con playas, tibaracones, y varios ríos. Entre ellos, el Toa – más caudaloso de la Isla – , el Yumurí, que dio origen a uno de los cañones fluviales más hermosos del planeta y el Miel, en cuyas corrientes se entreteje la leyenda de que: ” Quien se baña en sus aguas se queda por siempre en esa mágica ciudad”.

Baracoa es una ciudad asombrosa, donde la dulzura se apodera de quienes llegan hasta su entorno. Nada enorgullece más al baracoense que fabricar su propio cucurucho, rico dulce de coco rallado y envuelto en la yagua del propio árbol, así como degustar el exquisito chocolate. Por ello, se le conoce también como la Capital del coco y el cacao.

Desde la mismísima Baracoa, coqueta, presumida y tentadora se alza La Bella Durmiente, montaña casi esculpida, que en su superficie muestra el cuerpo de una mujer tendida al Sol, dotada de un asombroso realismo mágico natural. Acompaña a la elevación el famoso Yunque, devenido símbolo de la ciudad.

¿Y qué decir de su comida?.  Los baracoenses  preparan con sus propias manos platos únicos en el país y en el mundo. Allí, no sólo podemos degustar del Teti, el diminuto pez que aparece sólo en la desembocadura de los ríos Toa, Miel y Nibujón, sino también del Cucurucho y el chocolate, de ahí el nombre de Capital del coco y el cacao.

Hoy llegas a tu 508 cumpleaños y sigues acogedora, única y natural. Húmeda, verde, añeja, simple, tranquila, valiosa y fascinante, la Primera en el tiempo no miente, pues al igual que una dama, aún conserva la belleza de una criatura acabada de nacer, a la que debemos de cuidar y desearle eterna vida eterna.

 

 


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