Guantánamo.- En la madrugada del 10 de marzo de 1952, el pueblo de La Habana disfrutaba de otra noche de carnaval. Nadie sospechaba que se había puesto en marcha una siniestra conspiración para apoderarse del poder en Cuba, asonada que tenía como figura principal a Fulgencio Batista, un ex sargento devenido general, de larga experiencia en trajines conspirativos y que había sido el “hombre fuerte” en Cuba entre 1934 y 1944, pero que en las elecciones de 1952 no tenía posibilidades de reelegirse como presidente.
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