Guantánamo.- Con una firme defensa del modelo político socialista de un único Partido, como garante de la soberanía verdadera y la justicia social, conquistadas por la Revolución de 1959, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y presidente de Cuba, Raúl Castro Ruz, clausuró la Conferencia Nacional comunista que sesionó durante dos días en La Habana.
Discurso de Raúl Castro: “El rumbo ya ha sido trazado”
La propia historia de la Isla y recientes acontecimientos internacionales, brindan razones más que suficientes para reafirmar el principio de que el Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado.
Así lo refrendó el 97,7 por ciento de los electores en el plebiscito de febrero de 1976, que aprobó la Constitución socialista vigente en el país desde ese año, y los casi 8,2 millones que estamparon su firma, de forma pública y voluntaria, en el referéndum de junio de 2002, para consignar el carácter irrevocable del socialismo y del sistema político y social revolucionario por ella diseñado.
Es decir, el presidente cubano habló con el respaldo manifiesto de la inmensa mayoría de los cubanos, expresado además en las elecciones parciales o generales que se celebran periódicamente en la nación caribeña.
Raúl le dio en las narices a quienes abrigaron la idea de que la Conferencia decretaría “el inicio del desmontaje del sistema político y social” de la Revolución Cubana, con la renuncia a la idea y la práctica del partido único de la nación, concebida por José Martí, el Héroe Nacional, ya desde el siglo XIX.
También a los “opositores” amamantados por el dinero y el poderío mediático de Washington y sus aliados, mercenarios con la orden de contribuir a restablecer la república vergonzosa nacida con la Constitución de 1901, tullida por la imposición de la Enmienda Platt.
"Renunciar al principio de un solo partido equivaldría, sencillamente, a legalizar al partido o los partidos del imperialismo en suelo patrio y sacrificar el arma estratégica de la unidad de los cubanos, que ha hecho realidad los sueños de independencia y justicia social", sentenció.
La historia le da toda la razón.
No contar con un partido hizo que fracasara la Guerra Grande (1868-1878), con la firma del engañoso Pacto del Zanjón. Igual derrotero corrió la Guerra Chiquita.
La disolución por el traidor Tomás Estrada Palma del Partido Revolucionario Cubano, creado por Martí para aunar a los Pinos Nuevos y Viejos en la guerra de 1895, fue la que hizo posible la frustración de la República anhelada por el Apóstol “para impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extienda por las Antillas los Estados Unidos y que caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.
El revolucionario de pensamiento más descollante de América Latina previó lo que todavía hoy es una necesidad, algo imprescindible: un solo Partido para preservar la independencia, la soberanía y la justicia social frente al asedio obcecado y furioso del gobierno de los Estados Unidos.
Los recientes acontecimientos en Iraq y Libia muestran que la fragmentación de una nación por razones religiosas, políticas, étnicas o de otra índole, conducen únicamente a la derrota.
Cualquier mentecato, revanchista, traidor o simulador pudiera alegar que el Socialismo del Siglo XXI, concebido por Hugo Chávez, contempla el multipartidismo como expresión de democracia popular.
Es cierto, pero la experiencia de Venezuela, tan cercana en sentimientos a nosotros, no es calco fiel de la Revolución Cubana, pues responde a las características particulares de esa nación y su pueblo.
La Isla digna e independiente ha significado, desde 1959, el trago amargo que la soberbia y el odio visceral del imperio no perdonan.
Fue la llama que reavivó el fuego revolucionario en América Latina, el casi apacible traspatio del vecino del norte. Cuba es el rival que le ha plantado cara al Tío Sam y lo humilló en Playa Girón (bahía de Cochinos) y Angola.
Enemigos públicos o velados se empeñan en ocultar o, al menos, minimizar las consecuencias que para el pueblo de la Isla constituye la "historia de permanente agresión, bloqueo económico e injerencia" que enfrenta Cuba, como oportunamente subrayó el Primer Secretario del Comité Central del Partido en la clausura de la Conferencia Nacional comunista.
¿Qué la nación caribeña no es una plaza sitiada por Washington? Lo confirman el genocida bloqueo económico, financiero y comercial; Girón, la Operación Mangosta, la Crisis de Octubre, los intentos de asesinato a Fidel y otros dirigentes, así como la introducción de enfermedades mortales como el dengue hemorrágico.
Además, la idea del multipartidismo es una falacia creada por los capitalistas para hacer creer a las mayorías que las facciones políticas representan sus intereses de manera genuina. En los Estados Unidos hay un solo partido, el de los ricos, el del 1 por ciento, que secuestra la democracia comprando con su dinero a los políticos, lo que viste los ropajes de Demócrata y Republicano.
Certera la observación del presidente cubano de que “si hemos escogido soberanamente, con la participación y respaldo del pueblo, la opción martiana del partido único, lo que nos corresponde es promover la mayor democracia en nuestra sociedad, empezando por dar el ejemplo dentro de las filas del Partido”.
Como genialmente esclareció Martí, la unidad de pensamiento ante un enemigo tan formidable, en modo alguno quiere decir la servidumbre de la opinión.
El único partido no significa falsa unanimidad sino que presupone “fomentar un clima máxima confianza y la creación de las condiciones requeridas en todos los niveles para el más amplio y sincero intercambio de opiniones, tanto en el seno de la organización como en sus vínculos con los trabajadores y la población”, como señaló el general de ejército.
Queda claro: el modelo político que regirá Cuba en el futuro es el de un único partido, el comunista, heredero de la obra de la dirección histórica de la Revolución. Por tal razón, la conferencia adoptó los objetivos de trabajo para garantizar la unidad y el fortalecimiento Socialismo, aspecto en lo que es vital el cumplimiento de los lineamientos del VI Congreso del PCC, relacionados con la actualización del modelo económico cubano.
Por su prestigio entre las masas y ser portador de las aspiraciones más genuinas del pueblo cubano, sintetizadas en la Revolución iniciada por Carlos Manuel de Céspedes, Máximo Gómez y Antonio Maceo, continuada por José Martí y hecha realidad por Fidel Castro, el partido único es la esencia de la Cuba socialista.











