Guantánamo.- Nadie que sea humano dejará de recordar las aterradoras imágenes del terremoto que hace 2 años afectara a la nación más pobre del mundo. A Haití se le sumaban más desgracias, al terremoto de la pobreza extrema, acumulada por siglos, se le unía entonces los desastres de un evento natural que arrancó con odio parte significativa del patrimonio arquitectónico de la isla caribeña, dejando atrás secuelas en todos los órdenes, donde los hombres, mujeres y niños, evidentemente fueron los más afectados.
Al paso del tiempo de 24 meses de la destrucción ocasionada por el sismo, corto pero muy sufrible para su pueblo, las noticias en el mundo de agencias, televisoras, emisoras radiales y la Internet resultan casi ausentes; tal como si la fuerza arrasadora de la sacudida expandiera una ola de olvido, al menos para los que en el mundo tienen el control transnacional de la información y deberían cumplir el compromiso asumido para ayudar a la reconstrucción haitiana.
Sucede que luego del terremoto de 7.0 grados de 2010 que devastó sin control alguno, casi la mitad de la ayuda internacional prometida, unos cinco mil 500 millones de dólares, sigue aplazada y la nación continúa sumergida en la destrucción. Estados Unidos, quien resaltaba como principal donante, incumple las cifras pactadas, cubriendo hasta ahora solo el 30.41 por ciento de los mil 200 millones de dólares comprometidos; asimismo muchos otros que dijeron aportar al fondo para su recuperación y permanecen desentendidos del asunto; por lo que desolación continúa y el sueño de levantarse sobre las cenizas está postergado.
Según Jean Victor Généus, embajador de Haití en Cuba, “el país se recupera lentamente y reiteró la gratitud de su pueblo a la patria de José Martí, que aumentó la ayuda solidaria tan pronto acontecieron los terremotos”, ya que desde mucho antes, profesionales de la salud, la educación y de otras esferas ya prestaban allí apoyo al pueblo.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de muy pocos, que sí han puesto corazón y vida por colaborar con la recuperación y cumplen sus compromisos, el pánico del hambre escolta al amanecer y en el ocaso, endebles carpas son todavía la única protección contra la intemperie de muchos, que sobreviven, según estadísticas de la ONU, la mayoría con menos de un dólar al día.
La realidad sorprende y, mientras los ricos se deciden a depositar las sumas de dinero, la precaria situación exhibe escombros, basura y los restos materiales que dejó el 12 de enero de 2010, complicando mucho más la vida de los que habitan Haití que ya conocían del terremoto de la indolencia colonizadora.
Una pregunta salta a la mente de los haitianos y a la mía propia, ¿dónde está la ayuda prometida?, ¿hasta cuándo la existencia de políticas desiguales?
A la crisis humanitaria que desató el seísmo se sumaron las crudas consecuencias de la epidemia de cólera y de la desesperanza. Rehacer a Haití requiere que los nativos recuperen la confianza y para eso el gobierno debe trabajar fuerte, con mucha voluntad política y con el apoyo internacional, desinteresado y objetivo.
Trabajar intensamente por ello y alcanzar la plena resurrección valdrá la pena, las réplicas de los terremotos del 12 de enero de 2010 y la miseria, lamentablemente aún retumban.











