Guantánamo.- Guantanamera de pura sepa, me molesta mucho que no pocos medios de comunicación, incluso los buscadores de Internet, identifican a mi ciudad de origen con la Base Naval Norteamericana que permanece ilegalmente ocupando un espacio del territorio caimanarense desde 1898; menos satisfacción cuando la igualan a la cárcel, que allí mismo, mantiene abierta el mismo gobierno de los Estados Unidos hace hoy 10 años.
La bochornosa apertura de la prisión de alta seguridad, el 11 de enero de 2002, fue solo el comienzo del dolor de quienes “la suerte” los llevó hasta ese confín, muchos sin causa alguna o prueba definida. Una década ha pasado, y ni los augurios presentados por el ilustre presidente de Norteamérica y Premio Novel de la Paz, Barack Obama con motivo de su candidatura electoral en el ya lejano 2008, mucho antes de alcanzar “con bombos y platillos” a la Casa Blanca, de abrir el centro de detenciones, se concretan.
Quienes arribaron a la “furia” pudieron ser hasta secuestrados, trasladados clandestinamente, detenidos sin derecho a juicio.
La verdad es que, a medida que fueron sucediendo las torturas y maltratos en el enclave, impuestos por los militares yanquis, el reclamo de la comunidad mundial, incluso el de la estadounidense se hizo presente, haciéndose eco la denuncia justa que puso en conocimiento de todos, espantosas imágenes de violaciones de los más elementales derechos del hombre.
Pero al parecer, el desempeño de violaciones y tales declaraciones, resultó poco para tomar una certera decisión que pusiera fin a tal bochorno, que lejos de erradicarse se multiplica ahora, cuando está en entredicho, algo así como empeñada, la palabra y promesa del presidente.
Amparada por la supuesta cruzada contra el terrorismo, lanzada por el gobierno de Washington a raíz de los atentados acaecidos el 11 de septiembre de 2001, el descaro de la cárcel de la Base Naval de Guantánamo parece eternizarse; primero por la falsedad del argumento que la vio nacer y segundo, por lo violatoria que es, en todos los sentidos, iniciando los análisis por su ubicación, en territorio cubano.
El día 11 de enero de 2002 fueron conducidos al encierro en el citado sitio, una veintena de personas, supuestos “combatientes enemigos ilegales”, según la propia calificación dada por el mayor terrorista que se haya conocido en el mundo, el gobierno de los Estados Unidos. Desde entonces, suman cerca de 800 los aparentes integrantes de la red Al Qaeda o talibanes que han pasado por ahí, incluyendo a algo más de una docena de niños, trasladados en vuelos secretos y, donde según informaciones del Pentágono, permanecen confinadas 171 personas de unas 20 naciones.
El programa de la CIA que da riendas sueltas a la retención en prisiones secretas, sin control judicial y durante años, a los sospechosos de terrorismo, continúa intacto. Y como si fuera poco, el mismo susodicho acaba de firmar una ley que da total libertad al Gobierno de EEUU para detener a sospechosos de forma indefinida sin importar que sean ciudadanos extranjeros o estadounidenses.
¡¿Cómo entender al Presidente?!
Más que una vergüenza es un horror que todavía persista abierta la indolencia y el irrespeto a la legalidad y al derecho internacionales. La cárcel en la Base Naval en Guantánamo es una ofensa a la razón al estilo norteamericano que no menoscabará el reclamo universal, cubano y, en especial guantanamero.
Los que vivimos en este extremo oriental de la Isla grande nunca renunciaremos a la devolución de esa parte del territorio, ocupado ilegítimamente contra la voluntad de todo nuestro pueblo, y por ende el levantamiento de ese campo de concentración.











