Miércoles, 11 de Enero de 2012 09:11
Yaimara Villaverde
Guantánamo.- Cuando al musicólogo e investigador José Cuenca Sosa se le pregunta por el pianista, compositor y orquestador Luis Martínez Griñán (Lilí), se emociona, enorgullece, y emprende una elocuente disertación sobre la vida de ese coterráneo, figura más importante de la música popular en el siglo XX guantanamero.
La exposición de este conocedor del ámbito musical de la provincia más oriental de Cuba apasiona a los interlocutores y lo suma a la larga lista de admiradores de la obra, de quien merecidamente, por su poder al piano, fue conocido también como La Perla de Oriente.
Recientemente tuvo lugar en Guantánamo la quinta edición del Concurso de Composición e Interpretación Musical Lilí Martínez, que lo honra, y Cuenca Sosa, uno de sus fervientes promotores, no perdió la oportunidad de narrar a la AIN momentos importantes de su trayectoria.
Y la admiración por el genial artista de las teclas también contagió a esta reportera, que mientras más conoce más le atrapa y sorprende el quehacer del autor de piezas populares una y otra vez tarareadas, de las que muchos ignoran su origen.
De las manos de ese guantanamero, nacido el 19 de agosto de 1915, emanaron obras que hoy son joyas del pentagrama musical cubano, entre ellas Quimbombó, Tu cosita mami, No me llores, Que se fuña, y muchas otras atribuidas erróneamente a otros grandes como Arsenio Rodríguez o Félix Chapotín.
Al pretender resumir la labor de Lilí, Cuenca Sosa se remite primero a la procedencia de Martínez Grinán. De padre español y madre cubana ?explicó- su educación familiar combinó la severidad con una sólida formación cívica y artística.
Recordó que desde pequeño el adelantado músico guantanamero recibió clases de piano con su hermana Ana Emilia y se puso en contacto con las obras y autores más importantes de la música de concierto, entre ellos Federico Chopin, su preferido.
Comentó el investigador que a los 17 años Lilí comienza a trabajar en las llamadas Academias de Baile, donde tiene que ejecutar todos los géneros musicales y empieza a transformarse en el instrumentista que después deslumbró a Cuba.
En 1935 ?subrayó- toca en la orquesta de Corsino Calzado, en la Base Naval Norteamericana, y dos años más tarde crea su propia orquesta Los Champions de Lilí Martínez, la más popular de la época en la Villa del Guaso.
?A la par del trabajo en esta agrupación en 1943 fundó un conjunto al que nombra Rarezas del 43, el cual contó en su nómina a cuatro de los que poco después crean el hoy insigne Grupo Changüí Guantánamo: los hermanos Arturo y Chito Latamblé, Justo Kindelán y Luis Céspedes?.
El talento de Lilí trasciende hasta la capital, y en 1945 el destacado músico Arsenio Rodríguez (conocido como El Ciego Maravilloso) le pide que forme parte de su grupo, y el guantanamero contribuye con sus acordes, arreglos e inspiraciones a la consolidación del conjunto ?Todos Estrellas?.
Cuenca recuerda que, según la leyenda, el gran tresero se lo presentó al flautista y director de orquesta Antonio Arcaño y este al escucharlo tocar lo bautizó como La Perla de Oriente.
En el grupo de Arsenio establece un estilo de tocar el piano que ha perdurado hasta nuestros días. Este se sustenta en la base rítmica y los giros percutivos que definen al llamado tumbao, una de las invenciones más universales de la música cubana, de la que él es sin dudas el más reconocido maestro, afirma el investigador.
Por largo tiempo Lilí estuvo vinculado a la agrupación musical del Ciego Maravilloso y a la que derivó de esta (el Conjunto Chapotín), aportándoles sus imaginativos solos, su sofisticado pensamiento arreglístico, inteligencia armónica y un puñado de composiciones propias que dieron mayor coherencia estilística.
Fue el primer pianista cubano de música popular en escribir anotaciones de Chopin para interpretar el Son.
Enriqueció su obra con elementos de ritmos autóctonos guantanameros como el changüí y el nengón, y géneros de la música norteamericana, en especial el jazz.
Su estilo influyó en el quehacer de sucesivas generaciones de pianistas, incluidas figuras de la talla de los cubanos Chucho Valdés, Frank Fernández, el puertorriqueño Papo Lucca y el neoyorquino de ascendencia boricua Eddie Palmieri.
Tras dejar su trascendental impronta, este grande de la música cubana falleció en La Habana el 26 de agosto de 1990.
Para evocar su creación autoral y estilo pianístico, en 2003 la discográfica Unicornio reunió a prestigiosos instrumentistas y cantantes de la Isla, entre ellos los intérpretes Paulo Fernández, Mayito Rivera, Pedro Lugo, y el pianista y compositor Manolito Simonet, quien reconoce en su propia obra el legado de Lilí.
Así se concibió el fonograma titulado Esto sí se llama querer, nominado al Premio Cubadisco de ese año, en las categorías de Antología de Versiones y Música Popular Tradicional.
En él quedaron registradas 11 piezas del catálogo de Martínez Griñán, incluida la que da nombre al CD y Para bailar este Son, Sazonando, Tu cosita mami y Quimbombó, muchas conocidas por el público actual, pero cuyo autor aún pocos conocen.
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