Guantánamo.- Indignos de llamarse siquiera cubanos, mercenarios de la peor ralea, no merecen otros calificativos aquellos que dicen ser la “oposición” en Cuba y mendigan como miserables la injerencia extranjera con la ilusión de destruir a la Revolución, como que les ha encomendado el amo del norte.
Muestra de su carencia de legitimidad, liderazgo, argumentos, arraigo popular y credibilidad, es la carta que acaban de enviar al nuevo jefe del gobierno español, Mariano Rajoy.
El listado de firmantes tiene a varios de los más “encumbrados” personajillos de la fauna gusano-yanqui radicada en el país, entre ellos el premio Sajarov a la subversión Guillermo Fariñas, Berta Soler, la actual líder de las brujas de blanco, y los desfachatados Jorge Luis García Pérez, “Antúnez”, y Martha Beatriz Roque Cabello.
La misiva hecha llegar al líder del conservador Partido Popular (PP) solicita dar marcha atrás a las iniciativas del ejecutivo socialista de Zapatero, para levantar la posición común de la Unión Europea en sus relaciones con Cuba, una postura rechazada por La Habana por su intromisión en los asuntos internos del país.
Del tal Aznar tal Rajoy, se habrán dicho y escribieron a Madrid, recordando que el primero fue el promotor de la iniciativa que, nada más y nada menos, exige a la Isla digna e independiente avances democráticos y el respeto de los derechos humanos, mientras que en el segundo ven al continuador fiel del pensamiento reaccionario contra Cuba.
No olvidan que el ahora flamante presidente del gobierno español, les hizo un guiño recibiendo a un grupo de ellos en la sede del PP en Génova, en 2010.
Disfrazándose de voluntarios, aquel tristemente cuerpo paramilitar criollo al servicio del gobierno colonial que protagonizó, entre otros crímenes, el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina, el 27 de noviembre de 1871, los firmantes de la carta a Rajoy despliegan al máximo la guataquería, como de manera muy cubana se le dice a la adulación, para mostrar su “agrado” por ser el nuevo inquilino en el Palacio de la Moncloa y le expresan su “esperanza de que en el futuro las relaciones entre nuestros pueblos se profundicen, en un clima de democracia y respeto político”.
Aunque no es explícito en la misiva, el ruego a Rajoy incluye, no dudarlo, que éste intervenga ante la compañía petrolera Repsol para paralizar las prospecciones que planea realizar en la zona económica exclusiva de Cuba en el Golfo de México, en franca sintonía con la mafia de la Florida, encabezada por la abominable loba feroz Ileana Ros-Lehtinen.
En otras palabras, reclaman a Rajoy ser otro de sus campeones por la libertad y la democracia (Made in USA), en Cuba, como en su momento lo fueron también el ex presidente Bush, el hijo…, y el propio caballerito Aznar.
Necesitan como el aire del sustento político y mediático que les ofrecen gobiernos extranjeros para hacerse notar en el exterior, con el antifaz de opositores y el corazón de lacayos a sueldo.
Es fácil imaginar por qué el ex ministro de Exteriores del gobierno socialista de Zapatero, Miguel Ángel Moratinos, cometió “el delito capital” de no reunirse con ellos, las veces que viajó a la Mayor de las Antillas.
Ahora los “ofendidos” echan en cara al ejecutivo socialista haber realizado una “pésima” gestión respecto a “oposición”, algo que debe interpretarse haber sido profundamente anticubano y prestarse para el juego de brindarles legitimidad, como interlocutores serios.
Por lo pronto, el PP respondió a las súplicas de gusano-yanquis radicados en Cuba, diciendo en la voz de uno de sus diputados a las Cortes que centrará su política hacia Cuba en trabajar por la “reconciliación” y desde “la defensa de la democracia y los derechos humanos”.
Teófilo De Luis reiteró que el Partido Popular seguirá defendiendo el actual marco político de la UE con la isla, instaurado en 1996, mientras "no haya reformas políticas y se asiente la libertad y la democracia en Cuba".Insolencia al estilo de Aznar.
La carta a Rajoy ruega que el actual gobierno español eche una mano a la Casa Blanca para apretarle el cuello a los cubanos y, por esa vía, destruir a la Revolución. Es otro hecho que muestra a las claras la esencia execrable de la “oposición” en Cuba.











