Guantánamo.- Creíamos que la costumbre de muchos guantanameros de dar unas cuantas vueltas al campo de softbol del reparto Caribe, había sido imitada por Leonard Gabriel Upunda (Kigoma, Tanzania, 12 de marzo de 1971), uno de los más asiduos a la improvisada pista de esa instalación, a la que acuden tantos asiduos al “trotar”, al llamado deporte de la pelota blanda.
El primer encuentro con el que decidimos convertir en nuestro entrevistado, nos sacó del error: “Corro desde que tenía 15 años, en mi aldea natal”, subrayó. Ni siquiera los vacacionales meses de agosto y septiembre, ni los las jornadas festivas finales de diciembre, han constituido pretexto para faltar a su cita casi diaria al terreno, que flanquea uno de los dos rascacielos guantanameros, el del 13 norte, entre 3 y 4 oeste.
Y ello resulta, porque para este aún joven médico, la salud del corazón no se va de vacaciones. Por esa razón disfrutar de su período de asueto anual no es incompatible con el ejercicio físico, “al contrario, me ayuda a mantenerme en forma”, subraya luego de aclarar que con las temperaturas imperantes en Cuba se precisa no solo en verano, sino en esta época (semi invernal para el trópico) una correcta hidratación y alimentación.
Esa es una verdad poco generalizada, pero que sí conoce al dedillo, en razón de su profesión el entrevistado, este tanzano-cubano (como gusta autodenominarse), que se graduó en 2006, en la entonces Facultad de Ciencias Médicas de Guantánamo y venció su Servicio Social y la especialidad en Medicina General Integral, en La Sombrilla, comunidad algo distante de esta capital provincial.
Actualmente Gabriel Upunda es residente en el Hospital pediátrico Pedro Agustín Pérez, donde cursa el tercer año de esa especialidad, “ya que aunque todavía no tengo hijos me gustan mucho los niños y mi novia guantanamera seguramente me va a dar muchos”.
Nacido en el seno de una familia humilde, en la provincia de Kigoma, muy cerca de la capital tanzana, Dar Er Salam, el galeno africano domina perfectamente el español, gracias a un curso intensivo sobre ese idioma que recibió en la Universidad Camilo Cienfuegos, de Matanzas, en 1999.
Esa circunstancia, unida a la de no encontrarnos en su consulta, sino al aire libre, facilitaron la fluidez de su diálogo con Solvisión, en el que recalca las ventajas del ejercicio físico para la salud, con independencia de que se padezca de una cardiopatía, de hipertensión arterial o de otra enfermedad.
Al respecto afirma que, contra lo pensado, en el verano aquellos que practican ejercicios físicos deben protegerse con una correcta alimentación y rehidratación. Respecto a la primera, precisa que debe caracterizarse, al igual que las prescriptas para las demás estaciones, por una combinación de vegetales (sobre todo, los de color verde intenso, que propician el llamado colesterol bueno, HDL), alimentos bajo en sal, pocos carbohidratos, pescado y que el condimento se añada, en baja proporción, en el proceso de cocción y nunca en forma natural, después de elaborados.
El facultativo-deportista recomienda, además, la ingestión de líquidos: agua y zumos de fruta, como norma, pero fundamentalmente y en mayor cantidad, cuando se practican deportes anaerobios o se corre intensamente, durante mucho tiempo, o en ambos casos.
Precisó que una hidratación inadecuada puede producir en las personas con insuficiencia cardiaca, descompensación de la enfermedad, la cual tradicionalmente se ha vinculado al frío y al invierno, pero también está asociada a las altas temperaturas.
Al preguntársele sobre si él predica con el ejemplo, subraya que hace todo lo posible por cumplir esas normas en la alimentación, y es riguroso en cuanto a otras opciones útiles para prevenir o evitar las mencionadas patologías.
Entre ellas menciona el optimismo y “correr todos los días unas veinte o treinta pistas”, y reitera que ese hábito no lo adquirió en Cuba. “Desde niño participé en competencias en la escuela primaria de Mkwakwani, en Bomboarea, donde los maestros nos medían la resistencia, y más tarde en otros planteles de secundaria y preuniversitarios, ya que esos estudios los realicé en Tanzania.
“En Guantánamo -indica finalmente-, antes de “trotar” en el Caribe, lo hacía en el tabloncillo de Ciencias Médicas, iba a Loma Blanca, hasta que me decidí por esta pista, que solo tiene 280 metros, pero está situada en un lugar céntrico, en el cual me encuentro con viejos amigos y conocidos, y me he ganado otros nuevos”.











