Guantánamo. De un oficial mambí se cuentan anécdotas que hablan de su coraje y de su inigualable intransigencia. Ese es Antonio Maceo.
Datos biográficos sostienen que nació el 14 de junio de 1845, en Santiago de Cuba, en el seno de una familia independentista, y que por ser el más intrépido de la ralea Maceo Grajales, pasó a la historia como el Titán de Bronce,
Desde el inicio se incorporó a la guerra anticolonialista de 1868, sobresalió como bravo soldado, jefe mambí, y relució como verdadero estratega en la táctica militar.
Junto a Máximo Gómez, dominicano que ofrendó su vida a la causa de los cubanos, protagonizó la invasión de Oriente a Occidente, considerado por muchos el más trascendental evento de la historia militar cubana.
La actitud del Titán de Bronce se correspondió con su sobrenombre en la viril Protesta de Baraguá, hecho en el cual, junto a sus mambises seguidores, rechazó el Pacto del Zanjón, mediante el cual la colonia española proponía una paz sin independencia a los cubanos.
Su espíritu antiimperialista quedó demostrado cuando expresó, ante intenciones de las agotadas tropas mambisas de anexarse a los Estados Unidos, que era preferible continuar en la manigua antes de contraer deudas de gratitud con un enemigo tan poderoso.
“Quien intente apoderarse de Cuba solo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”, refrendó.
Maceo intervino directamente, con el machete en la mano, en mas de 600 combates en los que recibió más de una veintena de heridas, incluyendo la que le cegó la vida el 7 de Diciembre de 1896, dejando a sus tropas y generaciones sucesivas su caudal de valentía, arrojo y entrega sin límites a la causa independentista.
Cuando ese día se dirigía al potrero La Jia, en la finca San Pedro, cercana a Punta Brava, un obstáculo impide al Lugarteniente General del Ejército Libertador llegar a paso de carga a las posiciones enemigas.
Al detenerse, una bala le da en el rostro, se mantiene unos segundos a caballo, suelta las bridas y se desploma. Junto a él también cae su ayudante, Francisco “Panchito” Gómez Toro.
Después del heroico rescate de los cuerpos de Antonio y Panchito por el coronel Juan Delgado González y sus hermanos Donato, Ramón y otros mambises habaneros, sobrevino “El pacto del Silencio”.
Tres años en los que sólo la familia Pérez residente en la finca “La Dificultad” en el Cacahual, conocían del rescate y enterramiento del general y su ayudante. Corre agosto y ya el Doctor Isidro, alcalde de Bejucal y hermano del último médico de Maceo, Máximo Zertucha posee información e instruye a los concejales de Bejucal, que él tiene desde el 8 de ese mes la orientación de que en la finca “La Dificultad” se procediera a la exhumación e inhumación de los cadáveres de Antonio Maceo y su ayudante Panchito Gómez Toro.
El hecho se materializa el 17 de septiembre de 1899 cuando una comitiva, presidida por el General en Jefe del Ejército Libertador Máximo Gómez Báez e integrada por autoridades de Bejucal, generales, jefes y oficiales del Ejército Libertador, parte en horas de la mañana desde el edificio que ocupa el Liceo Artístico y Literario, actual Casa de la Cultura hacia el Cacahual, donde en presencia del notario público Ricardo Varona se procede a la exhumación de los cuerpos que fueron colocados en capilla ardiente, con guardia de honor en la casa de la familia Pérez, hasta que se construye el primer mausoleo, que dio paso al actual, donde el pueblo cubano les rinde tributo cada 7 de diciembre.
Un historiador local, Lenio Jiménez Texeira plantea que la exhumación de estos cuerpos es la génesis de la Operación Tributo, desplegada por el Estado cubano el 7 de diciembre de 1989, a fin de depositar los restos mortales de los combatientes internacionalistas caídos en cumplimiento de sus misiones solidarias en África y otros pueblos del mundo en sus respectivos lugares de origen.











