Antes del triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959, los únicos deportes verdaderamente practicados en Cuba eran el Béisbol y el Boxeo. Los demás, tenían una mínima participación en competencias nacionales, y prácticamente nula, internacional. Y en algunos de ellos, eran solo las personas ricas las que podían desarrollarlos.
Ese era el panorama deportivo cubano en más de la mitad del siglo XX. Abierto y masivo para la pelota y el pugilismo, y escaso o muy exclusivista, para las otras especialidades.
Desde el primer momento, la Revolución comenzó a cumplir el programa trazado, cuando las acciones del Asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953. Darle al pueblo todos los derechos humanos fundamentales. A la vida, al trabajo, a la educación, la cultura, a la tenencia de la tierra, a la seguridad social, a la igualdad de géneros, a la no discriminación, y claro, al deporte en todas sus manifestaciones.
Cuba, con apenas unos seis millones de habitantes en 1959, hasta esa fecha solo tuvo resultados deportivos en el Béisbol y el Boxeo o mediante individualidades extraordinarias, en Esgrima o Ajedrez. Después del triunfo revolucionario y a pesar de la sucia guerra económica, política y cultural que el imperialismo yanqui nos ha impuesto, casi doblamos la población, tenemos la mayor probabilidad de vida de toda Latinoamérica, un elevado promedio de escolaridad, trabajo asegurado, total amparo para discapacitados u ancianos y somos reconocidos como una potencia deportiva mundial.
Cuba, la Mayor de las Antillas, es un verdadero ejemplo en el campo de los Derechos Humanos para todo el pueblo; y en el Deporte, podemos sentirnos orgullosos, no solo de nuestros resultados olímpicos, mundiales, panamericanos y centroamericanos y caribeños, también, porque contribuimos con el desarrollo de decenas y decenas de países, al compartir con ellos los conocimientos y experiencia acumulados, y lo más valioso, nuestro capital humano.











