Guantánamo.- En las montañas que circundan a Baracoa, Primera Villa fundada en Cuba, son utilizados con fines de transportación, además del Toa el río más caudaloso del archipiélago, algunos de sus 71 afluentes, entre los que destaca el Quiviján
No tan afamados como los del Toa, los “cayuqueros” y balseros del Quibiján se cuentan entre los que en la región más oriental de Cuba aun utilizan la vía fluvial como medio para resolver ciertas necesidades, en particular la de transporte individual y de mercancías.
Los balseros de la corriente fluvial más caudalosa del archipiélago son seguramente más expertos, y fueron inmortalizados en la afamada canción de Juan Almeida (Yo soy Balsero del Toa), pero no están exentos de méritos los que navegan por uno de los 71 tributarios de aquella.
No hay que olvidar que en 13 de septiembre de 1955 las aguas de ese afluente, en contubernio con el ciclón Hilda, derribaron el primer puente prefabricado construido en la llamada pseudorrepública.
Sus restos, a la vera de la nueva obra de fábrica construida por la Revolución algunos años después
de asumir el poder en 1959, son visibles en la portada de esta edición de Venceremos.
Cayuqueros y balseros dominan a la perfección, con elegancia, el oficio para el cual son imprescindibles la vara (sustituta del remo), sino cierta gracia, dotes de equilibristas y aplomo, y saber nadar. Los primeros timonean “naves” semejantes al bote tradicional; los segundos tienen bajo su responsabilidad rudimentarias y menos pretenciosas embarcaciones, confeccionadas con bambú.
Pero, a no dudarlo, hay diferencias entre los leit motiv de ambas pintorescas personalidades de estos apartados parajes. Las del Toa surgieron por necesidad, que es siempre la que crea el órgano; las del Quiviján, por motivos más sencillos.
Para trasladar los niños allende a la ribera contraria, donde radica la escuela primaria Luis Zuñiga Mendoza, de Quiviján –comunidad distante unos 30 kilómetros de Baracoa-, construyó su balsa Juan Paumier Lobaina.
“Pincho” –sobrenombre por el cual es conocido- es uno de los numerosos productores familiares de la zona, beneficiados por el proyecto de cooperación Manejo Sostenible de los recursos naturales en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional “Alejandro de Humboldt” (PNAH).
La iniciativa ha entregado recursos y capacitación técnica, a los integrantes de 21 cooperativas de producción agropecuaria, 517 productores y casi cuatro mil habitantes de estas serranías, las más olvidadas del país por los desgobiernos de la Pseudorrepública.
Entre las fincas que han sido dotadas de elementos para crear un coto genético y estimular la producción de viandas, hortalizas y granos, figura El Hormigal,
Aunque entristezca pensarlo, a pesar de la obra de la Revolución –o tal vez debido a ella-, estas labores fluviales están llamadas a extinguirse.
Algunos atribuyen esa posibilidad a que el desempleo y el hambre brillan por su ausencia en los montes más inhóspitos de la Isla y en cualquier punto de la casi medio milenaria Baracoa las carreteras y terraplenes desplazan a la vía acuática y el que no trabaja es por su arbitrio.
“Pincho” es partidario de que ese singular medio de transporte, durará siglos.
Opina que cuando el río se insubordina no da paso y la educación de los hijos hay que garantizarla contra viento y corriente, aunque esta sea la de un río muy potente, capaz de derribar un viaducto.
Si nos atenemos a su hipótesis, los vecinos y visitantes de Baracoa, uno de los destinos más importantes del turismo de naturaleza en Cuba, podrán seguir disfrutando del encanto y la poesía que son su remar de décadas trajeron esos hombres a uno de los sitios más paradisíaco de Cuba y del Caribe Insular.
Parafraseando al poeta, podrá no haber balseros ni cayuqueros, pero siempre, habrá poesía











