Guantánamo.- Las torturas y crímenes cometidos en la ilegal base naval norteamericana en la bahía de Guantánamo, en el oriente de Cuba, no comenzaron en enero de 2002, cuando por orden del presidente George W. Bush, el hijo…, la instalación se convirtió en campo de concentración.
Esa siniestra historia tiene larga data. Se inició hace medio siglo y la primera víctima fue Rubén López Sabariego. El humilde chofer, durante la guerra contra la dictadura batistiana, había colaborado con el Ejército Rebelde. La radicalización del proceso hizo crecer la simpatía y filiación de Rubén con la Revolución, por lo que comenzó a no ser visto con buenos ojos en el ilícito enclave.
Aún así, permaneció laborando allí, sin sospechar que pronto sería presa de la soberbia y la brutalidad de militares acantonados en la instalación, exacerbadas por la creciente agresividad del gobierno yanqui contra la Cuba digna e independiente nacida en enero de 1959, de la mano de Fidel Castro.
La mañana del 30 de septiembre de 1961, fue la última vez que la esposa e hijos de López Sabariego lo vieron por última vez con vida.
Georgina González, su compañera, se preocupó cuando no regresó a casa, en la tarde del primero del octubre, momento en que finalizó el turno de trabajo.
Temerosa, indagó entre los compañeros de labor de Rubén y la noticia que le dieron la estremeció: Rubén había sido detenido en la Base.
Julio Montalvo, testigo de la detención, le dijo que lo habían apresado a las 10:40 de la noche, sin causa conocida, por el capitán Johnson, del Cuerpo de Marines.
Decidida a conocer el paradero de su marido, Georgina obtuvo el permiso de las autoridades cubanas y el 4 de octubre ingresó en la Base para indagar sobre su paradero.
La visita fue tan infructuosa como alarmante y la atribulada mujer manifestó sus peores temores a representantes del Gobierno revolucionario, en Santiago de Cuba.
Provista de un pase permanente, Georgina volvió a la Base, donde sólo recibió versiones contradictorias del oficial capellán Tomas J. Hailsberthy, quien primero dijo que López Sabariego no se encontraba en la Base, y el día 12 confirmar que se encontraba detenido y que, a causa de la “investigación”, se le había retirado la chapa que lo identificaba como trabajador del lugar.
El 19 de octubre, un cable de la agencia norteamericana UPI dio a conocer el hallazgo del cadáver de un obrero, identificado como Rubén López Sabariego, en una fosa de poca profundidad en el territorio ocupado por el ilegal enclave.
Solo la insistencia de Georgina, apoyada por el Gobierno cubano, obligó a las autoridades de la Base a devolver el cadáver del sencillo chofer de 44 años de edad.
Cuando el 21 de octubre le fue entregado el cuerpo, por la puerta principal de la instalación, ella rechazó, dolida e indignada, la ridícula compensación de 50 dólares de que era portador un capellán.
La autopsia reveló el ensañamiento ejercido contra Rubén López Sabariego: fracturas en el cráneo, el pómulo derecho y el costillar izquierdo; estas últimas causantes de una lesión en el corazón que le ocasionó la muerte, así como una herida de bayoneta en el abdomen, fracturas en una pierna ocasionadas por patadas, huellas de culatazos y otras lesiones.
Los médicos forenses estimaron que el asesinato había ocurrido entre el 13 y el 14 de octubre.
Una ola de ira conmocionó al país, cuando se dio a conocer la noticia, y su sepelio, en la ciudad de Guantánamo, se convirtió en una manifestación de dolor y repudio al criminal hecho.
En la despedida del duelo, el entonces Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, comandante Raúl Castro Ruz, acusó al imperialismo yanqui de ser el asesino de Rubén.
Como respuesta, se recibió la Nota 205.100/62 de fecha 11 de junio 1962, de la Secretaría de Estado, dirigida al Embajador de la República de Checoslovaquia, a la sazón representante de los asuntos diplomáticos y consulares de Cuba en Washington.
“El Departamento de Estado ha sido informado por las autoridades competentes del Gobierno de los Estados Unidos, que después de una exhaustiva investigación la muerte de Mr. López permanece inexplicable y que por lo tanto la investigación se considera terminada” (1), expresaba el párrafo final del documento, con espantoso cinismo.
El asesinato de Rubén López Sabariego es sólo uno de los tantos hechos criminales ejecutados dentro o desde la Base contra la soberanía nacional y sus ciudadanos, que han puesto en peligro la paz y la seguridad nacional e internacional.
La ilícita Base Naval norteamericana en la bahía de Guantánamo, ubicada en territorio cubano usurpado por más de un siglo gracias a la Enmienda Platt, en los últimos 50 años ha sido, además de campo de entrenamiento, escenario de actividades que contradicen incluso lo estipulado por el impuesto Tratado de Bases Navales y Carboneras, de 1903.
También ha servido de guarida de contrarrevolucionarios y delincuentes comunes, sitio para salidas ilegales del país y campo de concentración dónde se practica la tortura y la total violación de los derechos humanos y el derecho internacional.
Esa historia siniestra tuvo en Rubén López Sabariego a su primera víctima fatal, luego engrosada con Rodolfo Rosell Salas, Ramón López Peña y Luis Ramírez López, nombres que figuran en la lista de tres mil 478 cubanos muertos por el terrorismo de Estado ejercido por el gobierno yanqui contra la Isla digna e independiente.
A medio siglo de su asesinato, Rubén vive en la Revolución que modestamente ayudó a triunfar y en el pueblo que exige con firmeza la devolución del territorio arrebatado por la arrogancia imperial.











