Guantánamo.- La acción renovadora y justiciera de la Revolución cubana conllevó a que el 14 de octubre de 1960, se promulgara la Ley de Reforma Urbana, hecho sin precedentes en otros países que permitió, entre otros beneficios, que más de un millón de familias en la Isla, se hicieran dueñas de sus viviendas.
La falta de viviendas era una de las necesidades más apremiantes en Cuba, hecho denunciado por Fidel Castro Ruz en su autodefensa durante el juicio por los ataques a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en las ciudades de Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente, el 26 de julio de 1953.
La solución de este viejo problema fue recogido en el Programa del Moncada, y al triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959, se suspendieron de inmediato los desahucios de inquilinos, en espera de una Ley que los amparara definitivamente de los abusos cometidos por los casatenientes, con la complicidad de la policía y los tribunales.
Pocos meses después se dispuso que los propietarios de los solares yermos vendieran forzosamente, a un precio razonable fijado por el Gobierno, las áreas adecuadas para construir viviendas, liquidando así la especulación con los terrenos en las ciudades y se viabilizaba la construcción de inmuebles.
Posteriormente se creó el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda, con un ambicioso plan de edificación de casas, y se aplicó una rebaja sustancial en el pago de los alquileres, medida acogida con gran entusiasmo por la población.
A partir de la promulgación de la Ley de Reforma Urbana, la inmensa mayoría de los cubanos se hizo propietaria de sus viviendas, abonando reducidos pagos por el alquiler hasta amortizar el costo del inmueble, en un plazo comprendido entre cinco y 20 años, según el año de fabricación, haciéndose realidad un viejo sueño de los inquilinos en todo el país.











