
Se da por sentado el rechazo planetario a una política antediluviana e ineficaz, cuando ese día sea sometida a votación del proyecto cubano, titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América a Cuba”.
Pero hasta el presidente “del cambio” no ha querido cambiar nada en la política de ahogamiento de la Revolución caribeña mediante el sufrimiento, las carencias y vicisitudes del pueblo, por el hecho de respaldar de manera mayoritaria al proyecto socialista.
La soberbia heredada de sus antecesores le impide apreciar algo esencial en el asunto y es que para los cubanos de verdad el socialismo es sinónimo ya de patria y nacionalidad.
Por esa ceguera el bloqueo es una bola de nieve que ha ido creciendo en la misma medida que engorda su incapacidad de poner de rodillas a la Isla digna e independiente.
En cuanto a Cuba, Barack Obama solo conoce lo que le dicta la tradición imperial: derrotar a la nación rebelde cuya ubicación a apenas 90 millas de su territorio resulta una molesta presencia de más de medio siglo para el gobierno de los Estados Unidos.
Por tal razón, el mandatario tampoco mira hacia la oposición sin precedentes al bloqueo en su propio país.
Hasta personalidades representativas del imperio, adversarios ideológicos de la Revolución, como el expresidente James Carter, así como senadores y representantes del Congreso federal han manifestado su desacuerdo con el mantenimiento del más prolongado cerco criminal en la historia humana.
El 30 de marzo del año en curso, Carter expresó en entrevista televisiva durante su segunda visita a Cuba que “En el futuro espero que puedan desarrollarse el comercio y los viajes entre ambos países y que se pueda suspender totalmente el embargo económico, que es una opresión para el pueblo cubano, y que no solamente afecta al gobierno cubano, sino que es el pueblo de Cuba el que más se afecta”.
“Considero que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba deben cambiar”, subrayó el exmandatario estadounidense.
En términos muy similares se han expresado también los senadores demócratas Blanche Lincoln y Byron Dorgan, además de los representantes de igual afiliación Barbara Lee, Kathy Castor y William Delahunt.
Por ejemplo, Dorgan consideró que era inmoral utilizar los alimentos y las medicinas como armas y enfatizó que “es impensable el hecho de castigar al gobierno cubano restringiendo los derechos del pueblo norteamericano, y eso es lo que hemos hecho durante los últimos 50 años”, cuestionando la autoridad del gobierno para decidir dónde pueden o no viajar los ciudadanos de los Estados Unidos.
Hasta un pueblo que ignora la verdadera realidad cubana, tergiversada por los grandes medios de prensa norteamericanos, en encuestas se pronuncia mayoritariamente por el levantamiento del cerco genocida contra la Isla vecina por considerarlo obsoleto y fracasado.
El avance del sentido común en la opinión de los ciudadanos norteamericanos, respecto a las relaciones con Cuba, se refleja en pesquisas.
Es la caso de la efectuada por Internet en julio del pasado año por el diario USA Today, en la que participaron mil 475 personas, reflejó que el 94 por ciento está a favor del levantamiento del bloqueo, mientras que la realizada por Cuba Standard, en noviembre, entre un millar de ciudadanos, arrojó que el 47 por ciento de los encuestados opina igual, el doble de los que se opusieron.
Y ese mismo sentir lo manifiesta Amnistía Internacional, además de la Asamblea Anual Especial Conjunta del Consejo Nacional de Iglesias de Cristo de Estados Unidos, el Servicio Mundial de Iglesias y el Consejo Latinoamericano de Iglesias.
Amnistía Internacional criticó a Obama por prorrogar las sanciones contra Cuba bajo la Ley de Comercio con el Enemig.
La organización no gubernamental destacó que esa política es “ineficaz y perjudicial” e hizo un llamado al mandatario para que revoque el “torpe embargo que tiene un efecto devastador sobre la vida cotidiana de los cubanos”
El cierre por Washington del mercado cubano de igual modo encuentra cada vez más un mayor cuestionamiento entre granjeros y empresarios estadounidenses, pues reconocen que la medida afecta sus intereses y los de su país.
Así lo consideran asociaciones agrícolas estaduales y federales, como la Federación Agrícola, la Federación del Arroz, la Federación Nacional de Productores de Leche, la Federación Nacional de Productores de Maíz y la Asociación de la Soya de EE.UU., entre otras.
Esas entidades persisten en apoyar proyectos de ley que permitan, al menos, flexibilizar los procedimientos para negociar con Cuba y hasta levantar las restricciones de viajes de los ciudadanos norteamericanos a la Isla, como vías para la paulatina normalización de las relaciones bilaterales.
Por la prohibición de los viajes a la Mayor de las Antillas, la industria turística cubana dejó de ingresar mil 668 millones de dólares, según estimaciones de empresas estadounidenses del sector.
Pero Obama no desea abandonar la fracasada política del bloqueo, a no ser que logre concesiones políticas e ideológicas que la inmensa mayoría del pueblo de Cuba no está dispuesto a otorgar.
Por eso no ha hecho uso de las prerrogativas presidenciales que le permitirían la expansión sustancial de los viajes a Cuba de norteamericanos y extranjeros residentes en los Estados Unidos.
Igualmente eliminar los actuales límites de gastos de viaje en la Isla o autorizar la exportación de medicinas y equipos médicos que puedan ser usados en la producción de productos biotecnológicos cubanos, entre otros aspectos.
Su administración, en cambio, ha recrudecido la persecución de las actividades comerciales y transacciones financieras cubanas.
El pasado año, la Oficina de Control de los Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro multó por 500 millones de dólares al Banco ABN Amro, de Holanda, por transacciones financieras no autorizadas en las que Cuba o nacionales cubanos tienen intereses.
Pero, como se dice en Cuba, al resto del planeta se le llenó la cachimba y expresa su oposición a Washington en este asunto.
El 25 de octubre, Obama recibirá por tercera ocasión en su mandato el rechazo de casi toda la Asamblea General de la ONU al tan brutal como inefectivo bloqueo económico, comercial y financiero que teme siquiera mitigar.
La soberbia mata.











