En la voladura de la aeronave perdieron la vida 73 personas inocentes, entre ellos dos jóvenes esgrimistas de la provincia de Guantánamo: Ramón Infante y Juan Duany, quiénes regresaban a la patria tras participar exitosamente en los Juegos Centroamericanos de su especialidad celebrados en Venezuela.
Han trascurrido 35 años de aquel horrendo sabotaje y la familia del deporte en la mayor de las Antillas sigue consternada por la pérdida de tan valiosos hijos. De ahí que cada 6 de octubre se les rinde honores a los Mártires de Barbados, y se instituyó como el Día de las Víctimas del terrorismo de Estado.
Barbados figura como el más vandálico de los actos terroristas, de los tantos planeados en territorio norteamericano contra Cuba. Esas acciones han causado el dolor en las familias de las víctimas, que todavía esperan la justicia secuestrada por el país que se jacta de paladín de la democracia.
Pese a ello las fuerzas progresistas del mundo continúan alzando las voces, cada día con más potencia, para que cesen las acciones hostiles contra el pueblo cubano, se condene a los verdaderos terroristas, y que el gobierno norteamericano reconozca la verdad y libere a los cinco Héroes cubanos, que permanecen prisioneros en cárceles de ese país por el hecho de combatir las acciones terroristas, ¿quién entiende esa política de doble rasero?











