
El odio, la mentira y el rencor se encarnizaron contra los jóvenes cubanos. Una vez más se manifiesta la arbitrariedad de un sistema corrupto e hipócrita y su cruel ensañamiento con nuestros Cinco hermanos, como se ha denunciado centenares de veces por el Parlamento cubano y otras organizaciones políticas y de masas.
El 9 de agosto del año 2005 hubo un destello de justicia, cuando tres jueces del Onceno Circuito de Apelación de Atlanta, anularon el juicio celebrado en la ciudad de Miami, por falta de un jurado imparcial.
Un año después de aquel fallo, Atlanta volvió sobre el caso, y bajo presión política echaron por la borda la sentencia del 2005, y continúa el capítulo de injusticias iniciado en 1998.
Se olvidó el precedente judicial, el derecho a interpretar y aplicar la Ley con total imparcialidad, y llegaron desmedidas sentencias y cargos imputados, todo a base de la exageración, y la manipulación del caso por parte de las autoridades norteamericanas, confabuladas con la mafia cubanoamericana del estado de la Florida.
¿Cómo es posible qué sucedan cosas así en los Estados Unidos de América, una nación que declaró la guerra mundial contra el terrorismo, y acoge en su seno a connotados criminales de la talla de Luis Posada Carriles y Orlando Bosch?
La doble moral, la política prepotente y chantajista del imperio están de moda desde que logró imponerse como la principal potencia económica, militar y financiera del planeta. Sin embargo, allí tendrá que abrirse un espacio para la justa causa de los cinco cubanos luchadores antiterroristas.
Sin embargo, el reclamo mundial de justicia no se detiene. Así lo confirman los más de dos mil comités de solidaridad por la causa de Los Cinco, distribuidos en 152 países.
A pesar del silencio de los grandes medios masivos, que continúan sus campañas mediáticas para tratar de desacreditar a la Revolución cubana, miles de voces en el planeta claman por la justicia que, tarde o temprano, se abrirá paso en el caso de los cubanos luchadores contra el terrorismo.











