Guantánamo.- Este 3 de septiembre se conmemora una de las fechas más tristes de la historia humana: en el campo de concentración de Auschwit-Birkenau, hace 70 años, los nazis comenzaron el exterminio de miles de prisioneros recluidos allí.
La placa de entrada al complejo de matanza y siniestra experimentación seudo-médica recuerda a sus actuales visitantes que allí fueron masacrados aproximadamente entre un millón y medio y 2,5 millones de personas, la mayoría judías, de todas las edades y sexos.
Como símbolo del pensamiento cínico, cáustico y genocida que dio origen a este siniestro complejo, en el acceso de uno de los campos que lo componían se puede leer en alemán la frase “El trabajo hace libre” (Arbeit macht frei).
El mayor centro de aniquilación de la historia del nazismo fue construido a 43 kilómetros al oeste de Cracovia, tras la ocupación de Polonia, al inició de la Segunda Guerra Mundial.
Bajo la dirección del abominable Heinrich Himmler y manejado por las criminales SS, funcionó desde mayo de 1940 hasta el 27 de enero de 1945, cuando fue liberado por el ejército soviético, durante su avance definitivo hacia Berlín, el cubil de la bestia parda.
El complejo de Auschwitz-Birkenau estaba compuesto por tres campos principales y 39 campos subalternos.
En Asuchwitz II (Birkenau) fue destinado al exterminio y con ese propósito fue equipado con cuatro crematorios con cámaras de gas.
Muchos de los prisioneros que llegaron allí, fundamentalmente niños, ancianos y enfermos, fueron conducidos directamente a la muerte.
A los condenados se les decía que recibirían una ducha y un tratamiento desinfectante. Se les ordenaba desnudarse y dejar las pertenencias en el vestidor, donde después los recogerían, para lo cual debían recordar la ubicación de sus cosas.
Una vez selladas las cámaras de gas, se descargaba el Zyklon B. Luego de alrededor de media hora, los nazis ventilaban el recinto y ordenaban a otros prisioneros a retirar los cuerpos.
Pero todavía quedaba una postrera profanación y consistía en una revisión para extraer dientes postizos de oro, anillos, pendientes u otros objetos de valor. Incluso eran examinados los orificios corporales en busca de alhajas escondidas.
Finalmente, los cuerpos eran quemados en los crematorios.
Hasta dos mil 500 personas podían ser asesinadas en cada cámara de gas, por turno, ritmo que se mantuvo casi continuamente hasta que fueron destruidas el 24 de noviembre de 1944, en un intento por ocultar su existencia, ante el avance indetenible del Ejército Rojo.
Cuando los combatientes soviéticos liberaron el lugar, el 27 de enero de 1945, allí permanecían unos siete mil 600 prisioneros, dejados atrás por los esbirros de las SS ante la imposibilidad física que tenían para marchar hacia el oeste, como fue obligado el resto de los cautivos.
Derrotado Hitler y su Tercer Reich, buena parte de los nazis que trabajaron en él fueron juzgados, una parte a la pena capital y otros a largas condenas.
Al ser uno de los lugares de mayor simbolismo del Holocausto del pueblo judío por las hordas fascistas, en 1979 el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Es el recordatorio de la crueldad sin límites que sufrieron millones de personas bajo la bota hitleriana y, a la vez, advertencia de que momentos como esos no se pueden volver a vivir jamás.
Pero la barbarie sintetizada en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau ha adoptado métodos más sofisticados y “aceptables” en los órdenes ético y legal.
Ejemplo son las explosiones nucleares que aniquilaron a decenas de miles en Hiroshima y Nagasaki, cuando el Japón militarista estaba a punto de rendirse, o las bombas de NAPALM y el Agente Naranja que mataron a otros miles durante la guerra de agresión yanqui contra Vietnam.
Es más atroz que lo sucedido en Auschwitz-Birkenau el hecho de que mientras mueren silenciosamente decenas de millones de seres humanos, víctimas de la pobreza y de enfermedades prevenibles y curables, se continúan utilizando enormes recursos para llevar a cabo modernas guerras de conquista que ocasionan miles de muertes.
Vergonzoso es que, según el Proyecto del Hambre, de la ONU, “cada 3.6 segundos, alguien muere en el mundo a causa del hambre. Es decir, alrededor de 24 mil personas mueren cada día y el 75 por ciento de los fallecidos son niños menores de cinco años. Hoy, un 10 por ciento de los niños de los países en desarrollo mueren antes de cumplir cinco años”.
La FAO estima que, en los países en desarrollo, 840 millones de personas pasan hambre y unos 200 millones de niños sufren malnutrición y más de cinco millones de niños mueren al año debido a la subnutrición crónica y a una alimentación en la que faltan las vitaminas y minerales esenciales.
Ante esas cifras, palidece lo ocurrido en el tristemente célebre campo de concentración nazi en tierra polaca.
¿Terminó la barbarie que representa Auschwitz-Birkenau?
Tengo poderosas dudas.











