Guantánamo.- Beatrice Butchko hace unos días impuso un record mundial, que ha eclipsado la asombrosa labor que vienen desarrollando las corredoras kenyanas de fondo en el Mundial de Atletismo al aire libre de Daegu.
Y eso es mucho decir, pues este sábado las africanas acapararon el podio en las carreras de maratón y los 10 mil metros, en el primer día del evento.
Lo extraordinario de Butchko es que es que no es atleta y mucho menos compite en la cuarta ciudad más poblada de Corea del Sur.
Ella es una jueza de Miami-Dade que “ordenó” a Cuba pagarle dos mil 800 millones de dólares a un terrorista, radicado en los Estados Unidos y exagente de la CIA, bajo cuyas órdenes atentó contra su país de origen, cuando integró la tristemente célebre Brigada mercenaria. 2506, derrotada en Playa Girón, en abril de 1961.
También para la Compañía participó en la captura y asesinato, en Bolivia, del legendario comandante argentino-cubano Ernesto Che Guevara.
El criminal de marras, Gustavo Villoldo, asimismo se enorgullece de haber organizado y ejecutado para sus amos yanquis el salvaje ataque al humilde poblado de Boca de Samá, hace casi 40 años.
Como consecuencia de la acción terrorista fueron ultimados dos vecinos y otros cuatro resultaron heridos graves, entre ellos la niña Nancy Pavón, de 15 años, a quien hubo que amputarle su pie derecho, destrozado por una bala.
Villoldo es hijo de un multimillonario habanero, de esos que hizo fortuna en la Isla sacándole partido a la corrupción y el entreguismo que caracterizaron a la vergonzosa República nacida con la Enmienda Platt.
A propósito, Gustavo Villoldo, padre, era accionista de una ensambladora de vehículos en sociedad con el dictador Fulgencio Batista, el hombre fuerte de Washington en Cuba.
Y como de casta le viene el galgo, “Gustavito” se dedicó en cuerpo y alma a servir a los patronos yanquis, con el cínico pretexto de la confiscación de los “bienes familiares” por el Gobierno revolucionario en 1959.
El hijo…huyó de la Isla y se enroló como piloto de la fuerza aérea mercenaria en la fracasada invasión por Bahía de Cochinos.
Siguiendo las órdenes de sus jefes de la CIA, junto a otro terrorista que se las trae, Félix “El Gato” Rodríguez Mendigutía, participó en la feroz persecución del Che que concluyó con su captura y asesinato a sangre fría, el 9 de octubre de 1967, en La Higuera, Bolivia.
En ese sentido, se jacta del infructuoso intento de desaparecer por siempre los restos del Guerrillero Heroico, sepultándolos junto a los de otros combatientes internacionalistas junto a la pista de aterrizaje del pueblo de Vallegrande.
Villoldo confesó a un reportero de un diario miamense ser el líder de la más cobarde operación terrorista realizadas contra Cuba por la organización Alpha 66 a finales de la década de los 60 y principios de la de los 70 del pasado siglo: el ataque a Boca de Samá, cercana a la conocida playa de Guardalavaca, en la hoy provincia oriental de Holguín.
Con todo el descaro posible, confesó al reportero los detalles del ametrallamiento del pueblito de humildes pescadores, un elegido por el cobarde individuo por ser “un blanco facil”.
Desde octubre de 1971, la amargura de la amputación de su pie derecho entristece la vida de Nancy Pavón.
Además del amplio historial delictivo del “beneficiado”, hace más notable el record mundial de Butchko el hecho de que basó su decisión en alegaciones de supuestos “abusos” por parte del Gobierno Revolucionario, a principios de 1959.
Con impudicia, Gustavo Villoldo, el hijo…, acusa a las autoridades cubanas del suicidio de su padre, ocurrido en esa época.
Butchko además se planteó dejar atrás, y por amplio margen, a los anteriores otorgamientos de indemnizaciones personales a favor de farsantes de origen cubano radicados en los Estados Unidos, robando fondos y propiedades de Cuba en ese país, congelados por la Casa Blanca desde principios de la década de los 1960.
Incluso superó el fallo de otro juez de Miami-Dade, un tal Peter Adrien, quien en 2009 había dado lugar a una demanda de Villoldo y su hermano Alfredo por mil 200 millones de dólares. En ese momento, fue la sentencia más cuantiosa contra Cuba en un tribunal norteamericano.
Pero un problema legal de esa petición llevó a presentarla de nuevo ante la jueza de circuito Butchko, quien le agregó mil 600 millones más.
Como de tanto robar “legalmente” para ilícitas indemnizaciones, los fondos cubanos confiscados por el gobierno yanqui han disminuido a unos 200 millones de dólares, el abogado del diablo Villoldo, uno llamado Andrew C. Hall, como buen delincuente de cuello blanco, aspira a que se incaute el dinero para la indemnización (con ella su jugosa comisión) de empresas cubanas en el extranjero.
Es más, sueña con la opción de tratar de cobrarle a un gobierno postcomunista en La Habana. Increíble, pero cierto.
La decisión de Butchko, hace más expedito el camino a que otro montón de descarados se inventen demandas contra Cuba, en busca de dinero fácil, a sabiendas de que, por muy ridículos que sean los argumentos, son automáticos los fallos en contra de Cuba.
El ejemplo es este, el de Gustavo, el hijo…de Villoldo.
La señora jueza Butchko adujo que éste “fue víctima de tortura por el gobierno cubano, que destruyó su familia y la despojó del bienestar económico tras la llegada de Fidel Castro al poder” en 1959.
Hay quien afirma que su decisión mueve a la risa y que es extravagante. Puede ser cierto.
Pero agreguemos de que a pesar de su nada criollo apellido, la señora Butchko es de origen cubano, como Villoldo.
Así se puede comprender mejor que el record mundial que ha impuesto por estos días es uno de odio, malicia y revancha, mezclado con insolencia y estupidez a raudales.
Nada que ver con las formidables corredoras kenyanas de largo aliento que, en el Campeonato Mundial de Atletismo al aire libre, en Daegu, compiten y triunfan movidas por los honrosos ideales del deporte.











