
Se trata del segundo filme que abordará momentos importantes de la historia de mayor altruismo protagonizada jamás por un pueblo, como parte de una trilogía iniciada en 2008 con “Kangamba”, de Rogelio París, y que se completará con la trascendental victoria en Cuito Cuanavale.
Esta vez Eduardo Moya, el director, se propuso reflejar de manera sintética la historia real de 175 mujeres y hombres que se enfrentaron durante 30 horas ininterrumpidas a cinco batallones de las fuerzas élites del organización opositora armada UNITA, en marzo de 1984.
Sumbe es un toponímico tan sencillo, que era hasta casi desconocido para las cubanas y cubanos.
Hasta ver la película, muchos no podían descubrir en él a uno de los heroicos acontecimientos que hacen tan pletórico de altruismo y valentía al de por sí rico libro del internacionalismo de Cuba en África.
Ha pasado 27 años desde aquel 25 de marzo. Bien valía hacer recordar al mundo un episodio que contribuyó a dar un giro extraordinario a la historia de África, con la posterior caída del régimen oprobioso del apartheid, derrotado por negros angolanos, namibios y sudafricanos con la ayuda determinante, decisiva, de sus hermanos cubanos.
Ese en un hecho que ni enemigos ni desmemoriados podrán cambiar jamás.
Sumbe es la capital de la provincia de Kwanza Sul, ubicada en la costa, a 270 kilómetros de Luanda, la capital de Angola.
Ningún colaborador civil cubano que prestaba allí su servicio pudo imaginar que serían protagonistas de un hecho singular y extraordinario.
Eran médicos, maestros, constructores o ingenieros, cuya presencia necesitaba Angola, carente de especialistas tras casi cinco siglos de colonialismo portugués,
Con el propósito de causar un duró revés al gobierno angolano, capturando la ciudad y secuestrando a los centenares de colaboradores extranjeros que laboraban en ella, entre ellos soviéticos y búlgaros, el mando del llamado Segundo Frente Estratégico de la UNITA ordenó el ataque a esa capital provincial.
Allí no estaban dislocados combatientes internacionalistas cubanos, ni siquiera una unidad de las Fuerzas Armadas Populares para la Liberación de Angola (FAPLA).
Las circunstancias parecían favorecer a las fuerzas de Jonás Savimbi, alentadas por el apoyo directo del régimen racista sudafricano y de la administración norteamericana del reaccionario Ronald Reagan.
Apenas unos días antes de los hechos de Sumbe, una Declaración Conjunta de los gobiernos de Cuba y Angola, fechada el 19 de marzo en La Habana, con mucha razón y suficientes pruebas había exigido “…el cese de toda ayuda a la organización contrarrevolucionaria UNITA y cualquier otra agrupación fantoche por parte de Sudáfrica, de los Estados Unidos de América y sus aliados”.
En la noche del 24 de marzo de 1984, los habitantes de Sumbe disfrutaban de sus tradicionales fiestas carnavalescas, ajenos a que en las afueras de su ciudad 1.500 efectivos de la UNITA se preparaban para atacarlos, con moderno armamento de infantería y morteros de 60 y 82 milímetros.
A las 04:30 horas del siguiente día, los agresores se abalanzaron contra la localidad y en los primeros momentos pudieron llegar hasta su centro, apoderándose de instalaciones gubernamentales, así como saqueando y quemando edificios y almacenes.
Pero lo que menos pudieron prever los fantoches es que cooperantes civiles cubanos, entre ellos un buen número de mujeres, así como unos 200 angolanos, bajo la dirección del Comando Unificado de Defensa Popular que se creó, se alzaran con valladar infranqueable ante sus intenciones.
Con apenas armamento ligero de infantería, los defensores de Sumbe detuvieron primero y, luego, rechazaron a las tropas de la UNITA, causándoles numerosas bajas. Al mediodía, los atacantes comenzaron su retirada hacia la periferia de la ciudad.
En ayuda de los improvisados pero decididos combatientes cubanos y angolanos, el mando de la Misión Militar Cubana en Angola envió los Migs y helicópteros con base en la ciudad de Huambo, los cuales propinaron demoledores golpes a los malhechores, decretando su derrota definitiva.
En el desigual combate, siete cubanos abonaron con sus vidas la inquebrantable amistad entre los pueblos de Angola y la Isla independiente.
Genial conductor de las misiones internacionalistas en África, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz brindó para la posteridad el significado de la defensa memorable de Sumbe, en el propio mensaje que dirigió a los colaboradores civiles cubanos: “Triunfaron en Sumbe las profundas convicciones internacionalistas que son hoy patrimonio y orgullo de nuestro pueblo, y que hacen de constructores, maestros, médicos, intrépidos y tenaces combatientes que no reparan en sacrificios, ni aun en el de sus vidas, antes de ceder sin combatir un palmo del suelo que defienden como a su propia patria, antes de que caiga en manos de traidores la bandera hermana, cuyo honor salvaguardan junto al de nuestra gloriosa enseña de la estrella solitaria…”
Sin dudas, la realidad siempre será más pletórica de hechos, contradicciones y emociones que los que puede plasmar una película de hora y media de duración.
Pero “Sumbe”, de Eduardo Moya, tiene el valor de ser un homenaje a esos combatientes que se unieron para defender la libertad e independencia de un pueblo hermano y sobre todo un testimonio histórico de las páginas gloriosas sobre la solidaridad de nuestro país, que quedará registrado para las futuras generaciones.











