Un 27 de agosto, pero de 1916, nace en Mir, en la actual provincia de Holguín, la combatiente revolucionaria Lidia Doce Sánchez, quien junto a Clodomira Acosta Ferrals cumplió riesgosas misiones encomendadas por Fidel durante la lucha contra Batista.
De niña, a Lidia que le encantaba cantar, bailar y la actuación, participaba en excursiones al aire libre, montaba a caballo como una experta, le jugaba bromas a sus compañeros de la escuela, al tiempo que aprendió costura, labores de aguja, todo aquello que la prepararía para ser una buena esposa y ama de casa, como era la costumbre de la época.
Su carácter indómito se rebelaba contra las costumbres y prefería otras… corretear por los alrededores, reunirse con las amigas, improvisar veladas artísticas, donde sobresalía por su alegría y dinamismo y por su belleza que ya prometía desde su adolescencia ser extraordinaria.
Al mismo tiempo, cultivó Lidia en esta época buenas y estrechas amistades. Ya en la adolescencia tardía comienza a pasar largas temporadas con su madre y medias hermanas en San Germán, pero siempre retornaba a Mir, donde estaba todo aquello que constituiría sus raíces y las más dulces y alegres recuerdos de la niñez.
A los 17 años tocó a su puerta el amor violento y arrollador de la primera juventud, en la persona de Orestes Parra, con el quien se casa y va a vivir definitivamente a San Germán, donde su esposo tenía trabajo, es entonces cuando Lidia Esther abandona su patria chica, para iniciar una nueva etapa de su vida; años después cuando la patria llama a sus mejores hijos, así allí estaba Lidia, haciendo realidad sus sueños infantiles de mambisa, llevada de la mano de su primera maestra.
En ámbito de la lucha guerrillera, así fue: Desde el cuartelazo del 10 de marzo de 1952, Lidia Doce manifestó su rebeldía contra la Tiranía Batistiana. Al conocer que su hijo se había sumado a la lucha guerrillera, decidió escoger ese mismo camino. Al producirse el desembarco del Yate Granma ya Lidia es una mujer madura y responsable y decide sumarse al Ejército Rebelde al igual que su hijo Efraín, lo que logra en San Pablo de Yao.
A decir del Che, Lidia desde el primer momento que se unió a los trabajo de la revolución lo hizo de forma entusiasta y con una devoción particular, su audacia sin limite hacia que los otros mensajeros eludieron su compañía. Lidia llevó y trajo de la Sierra maestra los más importantes mensajes, cumplió las más arriesgadas misiones entre el llano y las montañas, condujo ejemplares del periódico guerrillero El Cubano Libre, medicinas y todo cuanto se le ordenó transportar.
Cuando el Che comienza la invasión apenas llegado a Las Villas se puso en contacto con él, pues debía ser ella el principal enlace suyo con La Habana y la Comandancia General. Pero Lidia no pudo realizar dicha misión por ser capturada en la Capital cumpliendo una misión junto a su compañera de lucha Clodomira Acosta Ferral.
En la madrugada del 15, ya moribundas, a Lidia y a Clodomira las metieron en una lancha, en L a Puntilla al fondo del Castillo de la Chorrera y en sacos llenos de piedras las hundían en el agua y las sacaban, hasta que al no obtener tampoco resultado alguno, las dejaron caer en el mar donde desaparecieron sus cadáveres el 17 de septiembre de 1957
Al referirse a ellas, Fidel dijo: Mujeres heroicas. Clodomira era una joven humilde, de una inteligencia y una valentía a toda prueba, junto con Lidia torturada y asesinada pero sin que revelaran un solo secreto ni dijeran una sola palabra al enemigo.











