La marcha del programa en estos años ha demostrado su validez, incluso sirve de experiencia para el resto de los países del mundo que están en la encrucijada de buscar fórmulas y alternativas que permitan un uso adecuado de los combustibles fósiles, cada día más escasos a nivel mundial.
Sin dudas el planeta está en una situación muy tensa, agravada con la subida de los precios del petróleo y los alimentos, fundamentalmente, además de las nefastas consecuencias que trae la crisis financiera mundial con énfasis en los Estados Unidos y la zona Euro, en el Viejo Continente.
En Cuba, sin embargo, continúan adoptándose medidas para garantizar la energía, a través del programa de la Revolución Energética, que tiene entre sus propósitos elementales el AHORRO, y la materialización de numerosos proyectos para generar energía renovable.
La valía de esas inversiones es decisiva para una pequeña nación que se encuentra bloqueada económicamente por la mayor potencia militar y económica del planeta por más de 50 años. De ahí las proyecciones para explotar la energía eólica, entre otras.
Para la Mayor de las Antillas economizar energía eléctrica resulta una tarea inmediata, permanente y esencial en busca de lograr activar una economía estatal que busca la eficiencia y la productividad, para beneficio de toda su población.
No hay dudas de que nuestra divisa fundamental está en producirla con rentabilidad y las potencialidades que tenemos en el ahorro, concepto principal en esta cruzada por el uso racional de los portadores energéticos.
La Revolución Energética es una opción necesaria y urgente para salvar la especie ante tanto derroche de combustibles, y las nefastas consecuencias que trae aparejado esa política consumista para el medio ambiente.
De ahí que en el actual proceso de la actualización del modelo económico cubano el ahorro de los portadores energéticos es determinante para el futuro desarrollo del país. No hay otra alternativa.











