Guantánamo.- Miguel Labrador Cardoso viaja cuatro veces por semana a Guantánamo y exclusivamente en avión; por eso, las idas y regresos hacia y desde la terminal aérea “Mariana Grajales Coello” le permiten a este capitalino tener un veredicto fundamentado acerca de la atención que brinda el colectivo de ese establecimiento de la Empresa Cubana de Aeropuertos y Servicios Aeroportuarios (ECASA).
El aeropuerto está ubicado a unos 15 kilómetros al sur de la ciudad de Guantánamo y dispone de una pista de hormigón, de dos mil 445 metros de longitud, construida durante la Segunda Guerra Mundial por la Marina norteamericana, como aeródromo de reserva de la base naval que usurpa territorio cubano en la bahía guantanamera.
Precisamente la cercanía al ilegal enclave obliga al personal del aeropuerto a la adopción de medidas adicionales de protección para evitar cualquier incidente que ponga en riesgo, incluso, a la seguridad nacional.
Larga es la historia de secuestros de aviones desde Cuba hacia los Estados Unidos, alentados por la política de Washington de recibir con los brazos abiertos a quienes cometen cualquier fechoría para abandonar ilegalmente la Isla.
“Sin embargo, como tiene una alta prioridad la atención que brindan a los pasajeros, éstos no notan esas disposiciones bastante rigurosas”, afirma Labrador.
Él es el experimentado piloto que comanda la tripulación del Antonov AN-24, matrícula CU-T1706, de Cubana de Aviación, que regularmente cubre la ruta Habana-Guantánamo, con el vuelo 720-721.
“En el caso de nosotros, el personal del aeropuerto realiza sus funciones con profesionalidad, desde que pasamos a ser controlados desde la torre, el aterrizaje, la estancia y hasta que partimos”, asevera con la experiencia que dan nueve mil horas de vuelo, buena parte de ellas a Guantánamo.
“Los compañeros de aquí realizan todas las labores inherentes al aseguramiento del vuelo, con agilidad y mucha certeza, garantizándonos el retorno en el tiempo establecido”, agrega el capitán Miguel Labrador Cardoso.
Esa buena consideración, los trabajadores del “Mariana Grajales”, se la han granjeado además entre los que arriban o salen de Guantánamo, rumbo a la capital.
“Se desvelan por atenderte con rapidez y que sea lo más grata posible la permanencia en el salón de espera”, asegura Martha Rodríguez González ya próxima a abordar el bimotor que la llevará a su destino.
Coinciden con ella los también viajeros Alejandro Louit y Neurys Blanco, sus compañeros de ocasión en el vuelo dominical.
Las opiniones ratifican lo que revelan las encuestas: el 98 por ciento de las personas interrogadas señaló su satisfacción por el servicio prestado.
“Lo que hace falta es que llegue el momento de restablecer los vuelos diarios a la capital”, es la reclamación que hace Martha.
El “Mariana Grajales” atiende a cuatro vuelos regulares, por semana, desde y hacia La Habana, así como otros con fines ejecutivos, de la Empresa Nacional de Servicios Aéreos, vinculados al Programa Nacional de Donación de Órganos y con otros propósitos.
Para eso cuenta con apenas 13 empleados, aunque llegan a unos 30 si se suma el personal de otras entidades, como el especializado de la Empresa de Seguridad y Protección de la Aeronáutica Civil, Salud Pública y las gastronómicas de la Empresa provincial de Servicios Especiales, que ofrecen el de cafetería a los pasajeros, en el salón de espera, y transeúntes, en un local aledaño.
La cuenta incluye a los combatientes del Comando del Cuerpo de Bomberos de Cuba, que radica permanentemente allí para brindar protección durante el aterrizaje y el despegue de los aviones.
En 2010, el aeropuerto guantanamero atendió a 18 mil 147 viajeros, cifra ligeramente superior a la planificada y que incluye a 132 ciudadanos haitianos repatriados desde allí.
Asimismo manipularon 23 mil 100 equipajes y más de 27 toneladas de cargas, sin que recibieran quejas o reclamaciones por hurto o daños, por lo que se realizaron pagos de indemnizaciones por esas causas.
Sus trabajadores lograron un 4,3 por ciento más ingresos que los fijados, redujeron los gastos en el 21 por ciento y alcanzaron una productividad individual que triplica la del año anterior.
El eficaz uso de los recursos propició reducir las pérdidas a solo 11 mil 700 pesos, cuando las previstas sobrepasaban los 100 mil pesos.
“Eso es posible por la unidad existente entre nosotros que, cuando llega el avión, además de nuestras responsabilidades, hacemos lo que sea necesario para preparar con rapidez la nave y cumplir con los trámites establecidos para su regreso”, asegura Orestes Díaz Barzaga, coordinador técnico de las operaciones aeroportuarias.
“Le digo más, los días en que no hay vuelos, nos cambiamos de ropa y nos ponemos a hacer otras actividades, como desyerbar a los cerca de seis kilómetros de bordillo que rodean a la pista, los dos taxiways y la plataforma de estacionamiento de las aeronaves”, agrega Arturo Borrero Barroso, el director del aeropuerto “Mariana Grajales”.
Esa disposición contrasta con la actitud ignominiosa de antiguos directivos de Cubana de Aviación, la principal aerolínea del país, que por delitos de corrupción recientemente fueron sancionados con penas que van de tres a 13 años de privación de libertad.
Con el diario cumplimiento del deber, el pequeño grupo de empleados de la terminal aérea se hicieron acreedores de la condición de Mejor Colectivo del Sindicato Nacional del Transporte; la selección contó además con el aval de Ramón Martínez Echeverría, presidente del Instituto de la Aeronáutica Civil de Cuba.
De los 13 aeropuertos internacionales y 10 nacionales que opera ECASA, sólo igualaron a los guantanameros sus homólogos del “Abel Santamaría”, de Santa Clara, y el de cayo Las Brujas, también en la provincia central de Villa Clara.
En la entrega del reconocimiento, el miembro del Secretariado Nacional del Sindicato del Transporte, Lázaro Cruz Rodríguez, resaltó al del aeropuerto “Mariana Grajales”, como ejemplo de la abnegación, profesionalidad y la ética que deben prevalecer en el sistema de la aviación civil en el país, en el cual laboran 17 mil 145 personas.











