
Machado habló en la ciudad central de Ciego de Ávila, en un acto político cultural presidido por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
No es que se dejen a un lado otras cuestiones importantes para la nación.
Por eso las referencias a la significación del asalto a los cuarteles Moncada y Céspedes, en esa fecha de 1953, así como de la entereza y el sacrificio practicados desde entonces por el pueblo cubano para llevar adelante la Revolución encabezada por Fidel Castro.
También dedicó palabras al Bicentenario de la independencia de las colonias hispanas en Latinoamérica, al fortalecimiento de la cooperación entre las naciones integrantes del Alternativa Bolivariana para la América (ALBA) y a la asunción a la presidencia del Perú por el nacionalista Ollanta Humala, a quein Cuba desea éxitos en su gestión.
Pero el meollo del discurso del también Segundo Secretario del Comité Central del Partido fue, sin dudas, el estado de la economía nacional y la puesta en práctica de la política que al respecto aprobó en abril el Sexto Congreso de la organización, precedido por un amplio debate popular sobre sus lineamientos.
De ahí que no tuviera la espectacularidad de un anuncio excepcional, como los cubanos y unos cuantos en buena parte del mundo nos hemos acostumbrado tengan los discursos en la clausura de los actos nacionales por el Día de la Rebeldía Nacional.
Fue una alocución más cercana a la práctica del presidente cubano de avanzar paso a paso, consolidando lo logrado con orden, disciplina, rigor y eficiencia.
Entonces es preciso recalcar conceptos y acciones necesarias, imprescindibles para la continuidad del proyecto socialista en Cuba, a pesar de la agresividad del imperio, lo criminal de su bloqueo y las difíciles condiciones en las que se interrelaciona la economía nacional con la de un mundo en crisis.
Por eso es que Machado Ventura machacó la advertencia de Raúl de que los acuerdos adoptados en el Congreso no serán papeles sometidos al olvido, en una gaveta.
El aviso es para todos, el pueblo y sus dirigentes, de que no habrá ni se permitirán vacilaciones u obstáculos en la implementación de los lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, a la que Machado llamó la brújula de la actualización deseada y necesaria del modelo.
Tiene que ver con cierta resistencia al cambio de conceptos erróneos e insostenibles acerca del socialismo nuestro que se manifiestan en la desidia de algunos, la insensibilidad de otros y la oposición solapada de los que temen perder el poder decidir sobre los demás desde las trincheras de la burocracia.
Con razón Machado Ventura señaló lo apremiante que es erradicar definitivamente las mentalidades de la inercia, la de esperar lo óptimo cuando se puede ir haciendo con lo posible o la de esgrimir un problema o prohibiciones inexistentes para cada solución que se requiere poner en práctica.
El cambio de mentalidad exigido por Fidel, Raúl y la Revolución para llevar a adelante este período de avance que haga más perfecta a la sociedad socialista cubana, precisa del verdadero cambio propio y de cada uno de nosotros, para evitar que esa demanda se convierta en algo tan vacío e irrelevante, como peligroso el inmovilismo hipócrita que detrás de su evocación se esconda.
Con toda intención, el Segundo Secretario del Partido destacó el trabajo que viene realizando la comisión constituida al efecto para organizar la venidera Conferencia Nacional, cuyos preparativos y realización servirán para complementar, en el orden político e ideológico, lo adoptado en el Sexto Congreso.
La discusión que se suscitará a propósito entre la militancia, en las estructuras de base, intermedias y superiores del Partido, debe conducir a fortalecer su democracia y funcionamiento con métodos y estilo de trabajo libres de la falsa unanimidad, la rutina y el secretismo.
Solo así el Partido Comunista de Cuba podrá asumir con todo el prestigio posible la tarea trascendental de suceder a la dirección histórica de la Revolución y eternizar el socialismo a 90 millas escasas del imperio más poderoso jamás conocido.
El de este 26 de julio, fue un discurso directo, preciso y necesario.











