“En la época constituía para el reino británico una prioridad el disponer de plazas fuertes en tierra firme en el Golfo de México, que querían convertir en propio y en el que ya disponían de algunas islas, siendo Jamaica la principal de ellas”, señala.
El presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC) en la provincia cubana más oriental, apunta que para entonces la Gran Bretaña había perdido a la ciudad y la rada de Port Royal, la sede de su gobierno en Jamaica, destruidos por el gran terremoto del 7 de junio de 1692.
Fueron infructuosos los intentos posteriores de reconstruir el sitio y el gobierno colonial se vio obligado a trasladar la actividad comercial hacia el puerto de Kingston.
Decididos a arrebatar la hegemonía a España en el comercio desde América, el rey Jorge II declara la conocida como Guerra de la Oreja de Jenkins, en octubre de 1739.
Las acciones tienen como motivo adicional apoderarse de los ingentes recursos naturales del Virreinato español de Nueva Granada, que ocupó a Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador, así como regiones de los actuales Perú, Brasil y Guyana.
Con esas intenciones, el almirante Sir Edward Vernon, al frente de una formidable flota de 186 buques, con 27.600 hombres, armada con 2.000 cañones, fondeó a principios de marzo de 1741 junto a la costa de Cartagena de Indias, la ciudad más importante del Caribe, a la que llegaban todas las mercancías del comercio entre España y sus posesiones americanas, incluyendo los tesoros extraídos de las minas peruanas.
Pero en la hoy ciudad colombiana, Vernon y el incipiente imperio británico sufrieron una vergonzosa derrota a manos de las fuerzas españoles comandadas por Blas de Lezo, el teniente general de la Armada.
“Humillado en Cartagena de Indias, el almirante británico decidió invadir a la bahía de Guantánamo y, desde allí, por tierra, tomar a la amurallada Santiago de Cuba, algo que le hubiera sido difícil lograr por mar”, explica Sánchez Guerra.
El 18 de julio de 1741, al frente de seis mil invasores, desembarca en la rada para establecer allí una base de operaciones desde donde avanzar hacia la cercana capital oriental y que permitiera a la flota británica aprovechar su privilegiada posición para dominar las rutas comerciales que atravesaban al Caribe y Las Bahamas.
Vernon establece su cuartel general en Mata Abajo, a unos 20 kilómetros al sur de la hoy capital guantanamera; fortifica Playa del Este, para defender la bahía contra cualquier ataque español desde el mar, y funda la villa de Cumberland.
“Entre los usurpadores hay 600 colonos norteamericanos”, recuerda el también Historiador de la ciudad de Guantánamo.
Uno de ellos es Lawrence Washington, hermano mayor del prócer de la independencia de los Estados Unidos, que viene como capitán de los infantes de marina en el buque insignia de Vernon, el “Princesa Carolina”, un navío de 80 cañones.
Pero el avance por tierra hacia Santiago de Cuba, que le parece fácil al almirante británico, les guarda grandes obstáculos.
“Informado Cajigal, gobernador de Santiago de Cuba sobre el inminente peligro, movilizó de inmediato y envió a la zona tropas regulares españolas, junto a refuerzos de milicias criollas de Trinidad y Sancti Spíritus, y de indios de Jiguaní y Manzanillo”, apunta Sánchez Guerra.
La resistencia inicial la realizan los vecinos del hato de Guantánamo, en el hoy municipio de Niceto Pérez, y del poblado de San Anselmo de los Tiguabos, el poblado más importante entre las jurisdicciones de Guantánamo y Santiago de Cuba.
“Los capitanes de partido Pedro Guerra y Marcos Pérez, organizaron las milicias locales, integradas por blancos, mestizos, indios y esclavos, y se dispusieron a defender a la patria local, la tierra donde nacieron”, resalta el historiador guantanamero.
“Marcos Pérez es el tatarabuelo del mayor general Pedro Agustín Pérez, la principal figura patriótica de Guantánamo en las guerras por la independencia”, abunda.
Los británicos avanzan hacia Tiguabos y lo ocupan, pero se encuentran con el hecho insólito, poco conocido y destacado en la historia nacional, de que los vecinos del lugar queman el poblado y se van al monte en masa. Es el 8 de agosto de 1741, es decir, 127 años antes que los bayameses incendiaran a su ciudad, la primera capital de la revolución en Cuba.
En el enfrentamiento a los invasores, los guerrilleros locales emplean ataques sorpresivos, emboscadas y hostigamientos nocturnos, aprovechando las ventajas del terreno que les es conocido.
“Hay que señalar que ellos también utilizaron al humilde machete de trabajo como arma letal contra los invasores”, refiere Sánchez Guerra.
Eso significa que se anticiparon en 21 años al afamado José Antonio Gómez Bullones, alcalde mayor de la villa de Guanabacoa, el héroe de la resistencia popular contra los ingleses durante la toma de La Habana, hasta ahora señalado como el precursor de las cargas al machete que en el siglo siguiente protagonizarían los cubanos en sus guerras emancipadoras, a partir de aquella protagonizada por Máximo Gómez y 40 patriotas, en Pinos de Baire, el 26 de octubre de 1868.
Otro elemento que obró a favor de los defensores, fueron el calor y las condiciones pantanosas en buena parte de las riberas de la bahía, con la consiguiente presencia de enjambres de mosquitos e insalubridad.
Acosados por la fiebre amarilla y los ataques de sus enconados adversarios, Sir Edward Vernon admite su segunda gran derrota en el Caribe y opta por retirarse de la bahía de Guantánamo, en diciembre de 1741.
“De esta manera, las fuerzas británicas pierden más de mil hombres, entre jefes, oficiales y soldados, cuyos restos están enterrados en algún cementerio que no ha sido descubierto, en las proximidades de la rada”, afirma el presidente de la UNHIC en la provincia.
Pero el interés del Almirantazgo británico en la bahía de Guantánamo no fue desapercibido décadas después por los gobernantes de los Estados Unidos, que consideraron su ocupación como piedra angular para controlar el Caribe, el Paso de los Vientos y el Istmo de Panamá, en sus ansias hegemónicas sobre el continente.
En junio de 1898, con la ayuda decisiva de fuerzas mambisas subordinadas a Pedro Agustín Pérez, el capitán Bowman McCalla, de la Marina yanqui, cumplió con éxito la misión de hacerse de la rada y desde entonces una parte de territorio cubano es usurpado en contra de la voluntad de su pueblo.











