
Las precipitaciones ocurridas en el territorio días atrás, y las más recientes, son caldo de cultivo para un vector que perpetúa su especie y ya ha provocado daños en la economía y la salud de los guantanameros.
La observancia de los moradores hacia el interior de sus viviendas y los alrededores se hace obligatoria, y al mismo tiempo, el eficiente hacer de operarios, jefes de brigadas y especialistas del control de la calidad en la detección de focos.
Desterrar los formalismos y elevar la exigencia en la actividad irrumpe en el orden del día de los compañeros de la campaña de lucha antivectorial y de los guantanameros en general. Con tal propósito se intensifican las acciones: la sistemática realización del examen perifocal y focal, los ciclos de tratamiento adulticida, junto al ordenamiento ambiental, con la eliminación de riegos.
La puerta de amenaza mortal por dengue se reduce cada vez más. La percepción individual y colectiva de riesgo aumenta, constituyendo el punto de mira común de todos, moradores, especialistas de la Salud, autoridades gubernamentales y de instituciones estatales como Alcantarillados, Comunales y Saneamiento.
Con la llegada de la lluvia el Aedes Aegypti tiene todas las condiciones para proliferarse, a eso se suma el calor producido por las altas temperaturas del verano; de ahí la urgencia de velar cada detalle y actuar sobre él.
Seguros de que la vigilancia consciente es la llave que cierra la puerta del peligro mortal del dengue, en Guantánamo no se baja la guardia ante el mosquito Aedes Aegypti. Ser previsores y atacar toda posible negligencia es prioridad en esta oriental provincia.
El eminente médico y científico cubano Carlos Juan Finlay Barres, descubrió en la temprana fecha de 1881 a la hembra del Culex o Aedes Aegypti como agente transmisor de la fiebre amarilla y el dengue.
Por más de 20 años, los postulados del Dr. Finlay fueron ignorados y solamente después de terminada la Guerra Hispano-Estadounidense cuando el General Leonard Wood, gobernador de Cuba, pidió que se probara la teoría de Finlay fue cuando se volvieron a revisar sus trabajos de investigación, así como los exitosos experimentos que había realizado durante todos estos años.
Los efectos letales la enfermedad han sido comprobados a lo largo de la historia, por lo que los cubanos nos mantenemos alertas. La vigencia de la obra de Finlay, no queda en papeles “perdidos”, sino que forma parte de nuestro actuar cotidiano contra el indeseable vector.











