
Nacido el 13 de febrero de 1848, Baliño, desde finales del siglo XX, abraza la causa del marxismo y despliega una incansable labor divulgativa de sus ideas, labor que comparte con la lucha por la liberación de Cuba del yugo colonial español, misión a la que le dedica sus mejores esfuerzos.
Tabaquero de profesión en Estados Unidos, allí conoce a Martí y se convierte en un valioso colaborador del Héroe Nacional de Cuba, y juntos fundaron logias y clubes patrióticos y constituyeron el Partido Revolucionario Cubano. Entre ambos revolucionarios existía una estrecha relación signada por la sagrada causa de liberar a la Patria.
En 1903, de regreso en Cuba, Baliño funda el primer grupo marxista en el país: el Club de Propaganda Socialista; posteriormente creó la publicación del folleto Verdades Socialistas, que se convirtió en la exposición más completa de las ideas marxistas escritas en Cuba hasta ese momento.
En los años siguientes se mantuvo en la primera línea de combate contra la explotación capitalista de que eran objeto los trabajadores y demostrándole a la clase obrera que la única forma de cambiar aquella situación era luchar por el derrocamiento de ese régimen y por la conquista del poder político.
Así conoció a otros combatientes revolucionarios como Julio Antonio Mella, con quien funda, en agosto de 1925, el primer Partido Marxista-leninista de Cuba, del que fue electo miembro de su Comité Central. Poco antes ambos luchadores habían fundado también la Liga Antimperialista de Cuba, una de cuyas tareas fue la reclamación del territorio ilegalmente ocupado por la base naval norteamericana en Guantánamo.
Con la muerte de Carlos Baliño, la causa revolucionaria cubana perdía a uno de sus más esclarecidos combatientes, y el proletariado mundial se quedaba sin uno de sus más consistentes luchadores antimperialista, quien, al decir de José Martí, ”padeció con alma hermosa por las penas de la humanidad”.











