Girón: triunfo del socialismo cubano

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Girón: triunfo del socialismo cubano

Guantánamo.- Emociones diametralmente opuestas, tanto como lo son las ideologías que representa cada orilla a ambos lados del Estrecho de La Florida, son las que generan la conmemoración de este 19 de abril en Cuba y en Miami, al cumplirse medio siglo de la humillación sufrida por el gobierno de los Estados Unidos en Playa Girón.

En la Isla digna e independiente es la fecha para celebrar la primera gran derrota del imperialismo en su traspatio latinoamericano y, a la vez, rendir tributo aquellos héroes verdaderos que ofrendaron su vida en defensa de la Patria y su Revolución, proclamada socialista por Fidel Castro apenas unas horas antes de desatarse la invasión.

Es ocasión propicia para la culminación del Sexto Congreso del Partido Comunista, momento trascendental para refrendar la actualización del modelo económico del país, a partir del análisis popular que enmendó, calibró y enriqueció los cambios propuestos por la máxima dirección del país para lograr las bases firmes y sustentables del socialismo cubano.

La apreciación del hecho va más allá de la diferencia de nombre del escenario de los combates que utilizan aquí o allá o la visión que les permite ser vencedores o vencidos.

Sea Playa Girón o Bahía de Cochinos, la consecuencia es la misma: el abrumador fracaso de Washington que marca un antes y un después en América Latina.

Si hasta ese momento el Tío Sam campeó por sus respetos en su traspatio latinoamericano y no hubo gobierno que alzara cabeza sin su aprobación, a partir de Girón, los oprimidos por los yanquis y las lacayocracias se percataron de que el cambio era posible en la misma medida en que se tuviera la determinación para hacerlo y defenderlo hasta las últimas consecuencias.

Para los vencidos, la fecha motivó en Miami un vano esfuerzo por sublimar el bochornoso papel que jugaron los más de mil integrantes de la Brigada 2506 en aquellos días de 1961.

Respetamos la forma en que cada cual honra a sus muertos, lo que no podemos admitir es que sean denominados héroes los que simple y llanamente fueron y son mercenarios al servicio del  imperio yanqui.

Es una de las dos denominaciones que merecen quienes se enrolaron en el evento destinado a agredir al país de nacimiento, con el propósito de rescatar las propiedades y privilegios de que gozaban en la república vergonzosa nacida con la Enmienda Platt, para lo cual fueron reclutados, pagados, armados, entrenados y asesorados por la CIA y el Pentágono, sin ser miembros de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

Ninguno tuvo el valor de imitar la odisea de José Martí y una mano de valientes de llegar en un bote, en una noche tormentosa e incierta, a las costas de Cuba a unirse a la Guerra Necesaria, o la travesía de Fidel Castro y 81 compañeros, apiñados en un pequeño yate, para iniciar la lucha por la definitiva independencia, bajo el juramento de ser libres o ser mártires.

Era pedirles demasiado a quienes decidieron que su futuro, como fue su pasado, era únicamente bajo el amparo del imperio yanqui.

Se creyeron el cuento de que, apenas desembarcados, el pueblo “agobiado por Castro” se les uniría y en columna avanzarían hasta la carretera central, doblarían a la izquierda y pararían solo en La Habana para restaurar la “democracia” Made in USA.

Se nota que se perdieron el instante supremo en el que el Comandante en Jefe proclamó el carácter socialista de la Revolución, respaldado por la inmensa mayoría del pueblo cubano, con las armas en las manos y la disposición de salvaguardar hasta con la propia existencia al proceso de transformaciones políticas, económicas y sociales que, por primera vez, sacudía a Cuba de la servidumbre impuesta por Washington desde 1902.

El otro calificativo que les cabe a los entristecidos en Miami es traidor y como tales merecieron recibir la más dura de las condenas, pero la Revolución, magnánima, les perdonó la vida y los sobrevivientes resultaron canjeados por compotas y medicinas para los niños.

Por estos días también han revivido en el sur de Florida las teorías de que la invasión fracasó porque los mercenarios fueron traicionados por Kennedy al reducir las dimensiones de la Operación Pluto y no brindarles el apoyo directo de los marines y la US Air Forces; que eran guapos que se quedaron sin municiones o que la CIA no avisó de la inminencia de la agresión a la “resistencia interna anticastrista” o, apropiadamente dicho, la contrarrevolución.

Patrañas.

El descalabro comenzó desde el mismo instante en que los sesudos del imperio, embriagados de soberbia, no entendieron que el proceso revolucionario en Cuba fue abrazado por una nación como la oportunidad suprema de rescatar su dignidad y alcanzar su plena soberanía, de la que no había marcha atrás.

Tanto Eisenhower como Kennedy, los patrocinadores de la Brigada 2506, hombres sin dudas inteligentes, pero hombres del imperio al fin, no entendieron que Cuba había dejado de ser un feudo y subestimaron la decisión de los cubanos de no retornar a la vergonzosa situación de antes de 1959.

Aquí se perdió el miedo a los yanquis y con ello desapareció la ventaja que había gozado hasta entonces el Tío Sam en este lado del mundo.

A pesar de abominar tener un régimen socialista en sus narices, Kennedy tuvo al menos la compostura de no involucrar más allá de lo explicable a las fuerzas armadas de su país y, además, el valor de asumir como suya la derrota, a sabiendas que ni CIA y mucho menos los rendidos la asumirían.

El descalabro ocurrió por el respaldo popular a la Revolución y a Fidel. No hay otra manera para explicar como los cubanos acompañaron con determinación el proceso de radicalización ocurrido en la Isla, por convicción propia, estimulada por las acciones agresivas promovidas dentro y fuera del país por Washington.

Las Milicias Nacionales Revolucionarias son el fruto de ese proceso y simbolizan la disposición de enfrentar a los agresores, fueran quienes fueran, con la consigna de Patria o Muerte.

Iniciada la invasión, fueron varios los factores esenciales para destrozarla en menos de 72 horas.

De más está ser que el primero es la determinación de los cubanos de luchar en defensa de la Patria Socialista.

Con esa intrepidez despegaron nuestros pilotos a combatir, conscientes de que volaban en aparatos no del todo seguros por carecer de los repuestos necesarios para su mantenimiento; con esa osadía avanzaron los bisoños tanquistas hacia Bahía de Cochinos aprendiendo sobre la marcha como ajustar la mira para disparar, repelieron los artilleros antiaéreos, casi niños, los ataques la aviación mercenaria o palmo a palmo avanzaron los combatientes revolucionarios por los estrechos terraplenes de la ciénaga, de frente a las ventajosas posiciones enemigas.

Segundo, la genialidad de Fidel Castro en descubrir el propósito final de instalar un “gobierno provisional” en la zona ocupada que solicitara ayuda a los Estados Unidos y, en ese sentido, dirigir las acciones con el tino necesario para impedir la consumación de ese objetivo.

De su orientación fue el resultado decisivo de que la aviación revolucionaria inutilizara o hundiera a varias embarcaciones de la brigada, cuando ésta efectuaba el desembarco y que indicara la rápida movilización de la Escuela de Responsables de Milicias de Matanzas para ocupar el poblado de Pálpite, al norte de la Bahía de Cochinos, en la carretera proveniente del central Australia, posición estratégica para dominar a la Ciénaga de Zapata.

Por último, una aclaración necesaria, Girón no fue una guerra entre hermanos, concepto que parece dominar 50 años después del acontecimiento a la retórica miamense.Fue el combate mortal entre el pasado de humillación y vergüenza, representado por los mercenarios de la Casa Blanca y CIA, y la dignidad y la independencia verdaderas, encarnado por los combatientes del Ejército Rebelde, la Policía Nacional Revolucionaria y los milicianos.

En Playa Girón fue el triunfo del socialismo cubano.

Girón: triunfo del socialismo cubano

Por: Singh Castillo                                                                                        (Comentario, 19-4-11)

Emociones diametralmente opuestas, tanto como lo son las ideologías que representa cada orilla a ambos lados del Estrecho de La Florida, son las que generan la conmemoración de este 19 de abril en Cuba y en Miami, al cumplirse medio siglo de la humillación sufrida por el gobierno de los Estados Unidos en Playa Girón.

En la Isla digna e independiente es la fecha para celebrar la primera gran derrota del imperialismo en su traspatio latinoamericano y, a la vez, rendir tributo aquellos héroes verdaderos que ofrendaron su vida en defensa de la Patria y su Revolución, proclamada socialista por Fidel Castro apenas unas horas antes de desatarse la invasión.

Es ocasión propicia para la culminación del Sexto Congreso del Partido Comunista, momento trascendental para refrendar la actualización del modelo económico del país, a partir del análisis popular que enmendó, calibró y enriqueció los cambios propuestos por la máxima dirección del país para lograr las bases firmes y sustentables del socialismo cubano.

La apreciación del hecho va más allá de la diferencia de nombre del escenario de los combates que utilizan aquí o allá o la visión que les permite ser vencedores o vencidos.

Sea Playa Girón o Bahía de Cochinos, la consecuencia es la misma: el abrumador fracaso de Washington que marca un antes y un después en América Latina.

Si hasta ese momento el Tío Sam campeó por sus respetos en su traspatio latinoamericano y no hubo gobierno que alzara cabeza sin su aprobación, a partir de Girón, los oprimidos por los yanquis y las lacayocracias se percataron de que el cambio era posible en la misma medida en que se tuviera la determinación para hacerlo y defenderlo hasta las últimas consecuencias.

Para los vencidos, la fecha motivó en Miami un vano esfuerzo por sublimar el bochornoso papel que jugaron los más de mil integrantes de la Brigada 2506 en aquellos días de 1961.

Respetamos la forma en que cada cual honra a sus muertos, lo que no podemos admitir es que sean denominados héroes los que simple y llanamente fueron y son mercenarios al servicio del  imperio yanqui.

Es una de las dos denominaciones que merecen quienes se enrolaron en el evento destinado a agredir al país de nacimiento, con el propósito de rescatar las propiedades y privilegios de que gozaban en la república vergonzosa nacida con la Enmienda Platt, para lo cual fueron reclutados, pagados, armados, entrenados y asesorados por la CIA y el Pentágono, sin ser miembros de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

Ninguno tuvo el valor de imitar la odisea de José Martí y una mano de valientes de llegar en un bote, en una noche tormentosa e incierta, a las costas de Cuba a unirse a la Guerra Necesaria, o la travesía de Fidel Castro y 81 compañeros, apiñados en un pequeño yate, para iniciar la lucha por la definitiva independencia, bajo el juramento de ser libres o ser mártires.

Era pedirles demasiado a quienes decidieron que su futuro, como fue su pasado, era únicamente bajo el amparo del imperio yanqui.

Se creyeron el cuento de que, apenas desembarcados, el pueblo “agobiado por Castro” se les uniría y en columna avanzarían hasta la carretera central, doblarían a la izquierda y pararían solo en La Habana para restaurar la “democracia” Made in USA.

Se nota que se perdieron el instante supremo en el que el Comandante en Jefe proclamó el carácter socialista de la Revolución, respaldado por la inmensa mayoría del pueblo cubano, con las armas en las manos y la disposición de salvaguardar hasta con la propia existencia al proceso de transformaciones políticas, económicas y sociales que, por primera vez, sacudía a Cuba de la servidumbre impuesta por Washington desde 1902.

El otro calificativo que les cabe a los entristecidos en Miami es traidor y como tales merecieron recibir la más dura de las condenas, pero la Revolución, magnánima, les perdonó la vida y los sobrevivientes resultaron canjeados por compotas y medicinas para los niños.

Por estos días también han revivido en el sur de Florida las teorías de que la invasión fracasó porque los mercenarios fueron traicionados por Kennedy al reducir las dimensiones de la Operación Pluto y no brindarles el apoyo directo de los marines y la US Air Forces; que eran guapos que se quedaron sin municiones o que la CIA no avisó de la inminencia de la agresión a la “resistencia interna anticastrista” o, apropiadamente dicho, la contrarrevolución.

Patrañas.

El descalabro comenzó desde el mismo instante en que los sesudos del imperio, embriagados de soberbia, no entendieron que el proceso revolucionario en Cuba fue abrazado por una nación como la oportunidad suprema de rescatar su dignidad y alcanzar su plena soberanía, de la que no había marcha atrás.

Tanto Eisenhower como Kennedy, los patrocinadores de la Brigada 2506, hombres sin dudas inteligentes, pero hombres del imperio al fin, no entendieron que Cuba había dejado de ser un feudo y subestimaron la decisión de los cubanos de no retornar a la vergonzosa situación de antes de 1959.

Aquí se perdió el miedo a los yanquis y con ello desapareció la ventaja que había gozado hasta entonces el Tío Sam en este lado del mundo.

A pesar de abominar tener un régimen socialista en sus narices, Kennedy tuvo al menos la compostura de no involucrar más allá de lo explicable a las fuerzas armadas de su país y, además, el valor de asumir como suya la derrota, a sabiendas que ni CIA y mucho menos los rendidos la asumirían.

El descalabro ocurrió por el respaldo popular a la Revolución y a Fidel. No hay otra manera para explicar como los cubanos acompañaron con determinación el proceso de radicalización ocurrido en la Isla, por convicción propia, estimulada por las acciones agresivas promovidas dentro y fuera del país por Washington.

Las Milicias Nacionales Revolucionarias son el fruto de ese proceso y simbolizan la disposición de enfrentar a los agresores, fueran quienes fueran, con la consigna de Patria o Muerte.

Iniciada la invasión, fueron varios los factores esenciales para destrozarla en menos de 72 horas.

De más está ser que el primero es la determinación de los cubanos de luchar en defensa de la Patria Socialista.

Con esa intrepidez despegaron nuestros pilotos a combatir, conscientes de que volaban en aparatos no del todo seguros por carecer de los repuestos necesarios para su mantenimiento; con esa osadía avanzaron los bisoños tanquistas hacia Bahía de Cochinos aprendiendo sobre la marcha como ajustar la mira para disparar, repelieron los artilleros antiaéreos, casi niños, los ataques la aviación mercenaria o palmo a palmo avanzaron los combatientes revolucionarios por los estrechos terraplenes de la ciénaga, de frente a las ventajosas posiciones enemigas.

Segundo, la genialidad de Fidel Castro en descubrir el propósito final de instalar un “gobierno provisional” en la zona ocupada que solicitara ayuda a los Estados Unidos y, en ese sentido, dirigir las acciones con el tino necesario para impedir la consumación de ese objetivo.

De su orientación fue el resultado decisivo de que la aviación revolucionaria inutilizara o hundiera a varias embarcaciones de la brigada, cuando ésta efectuaba el desembarco y que indicara la rápida movilización de la Escuela de Responsables de Milicias de Matanzas para ocupar el poblado de Pálpite, al norte de la Bahía de Cochinos, en la carretera proveniente del central Australia, posición estratégica para dominar a la Ciénaga de Zapata.

Por último, una aclaración necesaria, Girón no fue una guerra entre hermanos, concepto que parece dominar 50 años después del acontecimiento a la retórica miamense.Fue el combate mortal entre el pasado de humillación y vergüenza, representado por los mercenarios de la Casa Blanca y CIA, y la dignidad y la independencia verdaderas, encarnado por los combatientes del Ejército Rebelde, la Policía Nacional Revolucionaria y los milicianos.

En Playa Girón fue el triunfo del socialismo cubano.

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El escritor Singh Castillo está con nosotros desde el Miércoles, 06 Mayo 2009.




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