Guantánamo.- En su discurso por el XXV aniversario de la primera gran derrota del Imperialismo en América Latina, Playa Girón, el Comandante en Jefe Fidel Castro expresó que la importancia de la gran victoria obtenida por Cuba contra esa invasión mercenaria, “ (…) no está en la magnitud de la batalla, de los combatientes, de los hechos heroicos que allí tuvieron lugar; la gran trascendencia histórica de Girón no es lo que ocurrió, sino lo que NO ocurrió gracias a Girón.
¿Qué hubiera ocurrido de haberse apoderado Estados Unidos y sus asalariados vende patrias de ese pedazo de inhóspito territorio, en el centro sur del país, en el cual no pretendía, por supuesto, ninguna ora humanitaria sino establecer una cabeza de playa, para derrocar a los líderes que comenzaban a gobernar honradamente, por primera vez en la historia a esta ínsula caribeña?
¿Qué consecuencias se habrían derivado de lograr su objetivo de volver a equiparar a la Mayor de las Antillas a la condición neocolonial que ostentaban ella y los demás países latinoamericanos en 1959?
En el mejor de los casos, Cuba habría perdido la soberanía plena de que disfrutaba, se la hubieran canjeado por la que solo conservaba anteriormente en el papel de una constitución decorativa y en el aparato externo de la vida constitucional, mientras Estados Unidos dominaba la economía, la política y todas las esferas de la nación.
Eso, como queda dicho, sería en el mejor de los casos, ¿pero quién, sino un iluso, se atreve a esperar del imperio yanqui lo mejor?
Cuba hubiera sido un Viet Nam antes de Viet Nam, declaró en una ocasión el entonces capitán José Ramón Fernández.
uno de los artífices de que Cuba venciera aquel ataque, que entre otras agravantes tenía el de la nocturnidad.
“Coincido con Fidel que fue una suerte la victoria en tan poco tiempo. Nuestro pueblo es invencible, pleno de convicciones y valores y el liderazgo de Fidel es muy fuerte. Estoy seguro que todavía estaríamos combatiendo, porque las armas las empuñarían de generación en generación desde nuestros hijos hasta los nietos, no cesaría el combate por la libertad y soberanía hasta el triunfo.
“Resultó una suerte, reiteró Fernández, porque hubieran muerto cientos de miles de personas, entre ellas norteamericanas. Cuba, sin dudas, hubiera sido Viet Nam antes de Viet Nam o como un Iraq en la actualidad”.
Fidel ha calificado a la primera derrota del imperialismo en América Latina, como la última de una serie de batallas por nuestro país que se libraron a lo largo de este proceso revolucionario.
Si las batallas de la lucha contra la tiranía hicieron posible la conquista del poder revolucionario y cambiaron el curso de la historia de nuestro país, la batalla de Playa Girón impidió que la historia de nuestro país diese marcha atrás, subrayó el líder de la Revolución.
Tampoco –señaló-, nos amedrentó la flota yanqui frente a las costas de Playa Girón en 1961. En sus propias narices aniquilamos a su ejército mercenario, en lo que constituyó la primera derrota de una aventura militar de los Estados Unidos en este continente.
Durante la clausura del IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), en abril de 2010, el Presidente de los Consejos de Estados y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro, adelantó que en abril del año en curso se cumpliría –se cumple- medio siglo de la proclamación del carácter socialista de la Revolución y de esa aplastante victoria del pueblo cubano.
Añadió que celebraremos estos trascendentales acontecimientos “en todos los rincones del país, desde Baracoa donde pretendieron desembarcar un batallón, hasta el extremo occidental de la nación y en la capital realizaremos un gran desfile popular y una revista militar, actividades todas en las que trabajadores, intelectuales y jóvenes serán los principales protagonistas”.
Ya ayer tuvo lugar en la Plaza Cacique Hatuey de la Primada de Cuba y hoy en la polifuncional Pedro Agustín Pérez de esta ciudad de Guantánamo, sendas manifestaciones de júbilo popular por la efemérides, al igual que en el resto del archipiélago cubano.
En su libro en Cuba y al Servicio de la Revolución, el desaparecido pensador argentino Ezequiel Mártinez Estrada, alertaba tempranamente a los intelectuales de Latinoamérica:
“La invasión a Cuba es el primer zarpazo del nazifascismo capitalista por recuperar la presa perdida. Debemos recapacitar sobre lo que este hecho bárbaro revela de sus designios y de sus métodos para prevenir con tiempo el uso de la misma táctica allí donde pudiera producirse una nueva emancipación nacional verdadera. La destrucción rápida y total de las tropas invasoras en Cuba da la medida del poder del pueblo armado, cuando tiene conciencia de sus derechos; pero el peligro subsiste y la intimidación y la coacción recrudecerán en los países en que la armada norteamericana manda.
Y explicaba: “Si no adopta el imperialismo con otros pueblos el procedimiento bárbaro que con Cuba, es porque no lo necesita; y si no lo necesita es porque esas naciones viven resignadas”.
Desde entonces muchas naciones, además de Cuba (entre ellas, Venezuela, Bolivia y Ecuador) han renunciado a la resignación como estilo político, y a mantenerse dentro de la férula imperial. salido por voluntad propia de y Estados Unidos, ahora auxiliado por la Unión Europea, recurre nuevamente a los procedimientos más “refinados” para mantenerlas dentro de su férula.
Otros botones de muestra, de que el Imperio es el mismo: su apoyo y complicidad del Imperio y sus acólitos a los golpes de Estado contra los gobiernos legítimos de los presidentes Hugo Chávez Frías (este, por suerte abordado por las masas populares) de Venezuela, en 2002, y Manuel Zelaya en Honduras, siete años después, donde un gobierno golpista asesina a dirigentes sindicales, periodistas y a simples ciudadanos, sin encontrar un amago de condena, siquiera simulado a tales atrocidades.
No es de extrañar que una potencia que ha demostrado ser más cruel que el nazismo simule las virtudes de que carece, mediante bombardeos contra Libia, un país árabe que constituye un freno a los intereses de Washington e Israel, en medio Oriente, y disimule su participación, o cuando menos su indiferencia, hacia la absolución del terrorista confeso Luis Posada Carriles, autor, entre otros crímenes, del atentado contra un avión cubano en pleno vuelo, en 1976, que costó la vida a decenas de personas inocentes.
Los crímenes apadrinados por diferentes gobiernos de la vecina nación norteña en todo el mundo, el criminal bloqueo económico, comercial y financiero de casi medio siglo, que ha causado la muerte de más de tres mil cubanos y la pérdida de miles de millones de pesos a nuestra economía, contrasta con la generosidad de la Revolución, hasta con sus enemigos más acérrimos.
Hace medio siglo fueron apresados y cambiados por compota la inmensa mayoría de los integrantes de la pléyade de mercenarios derrotada en menos de 72 horas, salvo los asesinos que tenían cuentas pendientes con la Revolución, aunque cabe preguntarse si no merecían igual calificativo los que se atrevieron, al servicio de una potencia extranjera, a invadir su propia patria…, digo, si los apátridas tuvieran alguna.











