
En apenas tres horas de deliberaciones el grupo adoptó una cínica e indignante decisión, que demuestra la certeza de quienes señalaron que el proceso era una farsa con la que cual “maquillar” la determinación de las autoridades norteamericanas de proteger al Osama Bin Laden del Hemisferio Occidental, como pago por sus años de servicio en la tenebrosa CIA en contra de Cuba.
No bastaba con el descaro de hacer un juicio solo por mentiroso a un asesino confeso, además era perentorio burlarse de quienes abrigaron una vaga esperanza de que fuera culpado por alguna de las imputaciones de la “respetable” fiscalía.
Nosotros en particular abrigábamos la posibilidad de que la procuraduría hiciera un papel un poquito más digno y lograra un empate que pudiéramos llamar técnico en la tragi-comedia escrita en varios actos para quedar bien con Dios y con el Diablo, con sus instantes de tensión y hasta de suspenso.
Pero hasta los más escépticos no pudieron imaginar que el jurado se pasara del guión para el sainete The People vs Posada Carriles y decretara la absolución de los cargos 11 en contra de Posada Carriles.
Hasta la propia defensa del criminal fue tomada por sorpresa por el “éxito” obtenido.
La trascendencia del hecho es que a los ojos de la “justicia” Made in USA en nada importa la comprobada responsabilidad de Posada Carriles en la voladura en pleno vuelo de un avión civil cubano en octubre de 1976, que costó la vida a 73 personas inocentes, o los atentados con bombas efectuados en 1997 contra instalaciones turísticas en La Habana, en los que murió un turista ítalo-canadiense.
No interesa que haya sido un reconocido torturador en Venezuela, cuando trabajaba para la DISIP en ese país, entonces gobernado por la lacayocracia local, ni que esté vinculado al asesinato, también con explosivos, de Orlando Letelier, el ex–canciller del cruentamente derrocado presidente chileno Salvador Allende.
Washington no escuchará las voces de protesta que se alzan en el mundo por tan disparatado veredicto, ni se inmutará porque sigan sin recibir justicia verdadera las decenas de víctimas del criminal.
Ante las miradas de la Casa Blanca y del Departamento de Justicia el asunto Posada Carriles no clasifica en su controvertida guerra contra el terrorismo, ni se atormentarán con el descrédito que constituye el juicio en El Paso.
En The People vs Posada Carriles no valió para nada el precedente de que el tipejo fue arrestado y condenado en Panamá a raíz de un probado complot para asesinar (también con el C-4 que la CIA le enseñó a usar) al entonces presidente cubano Fidel Castro, durante la Cumbre Iberoamericana efectuada en esa nación en el 2000.
Incomodará por siempre el vergonzoso indulto dado a Posada y sus compinches por la señora Mireya Moscoso, en 2004, abusando de las prerrogativas que le correspondían como presidenta.
Tampoco atenderán las obligaciones legales previstas en el tratado de extradición suscrito con Venezuela y nunca llevarán a la práctica la orden de deportación vigente contra el mentiroso y no el terrorista Posada Carriles.
Lo que vale para el gobierno de los Estados Unidos es materializar su intención de proteger a un hombre incondicional del imperio y “símbolo” cimero de la mafia gusano-yanqui radicada en los Estados Unidos.
Si no recordemos en el epítome hecho por el fiscal Timothy Reardon III, en la primera sesión del juicio, en el que señaló de que era un caso de mentiras y de ganar un beneficio para obtener la estadía legal en los Estados Unidos, pero recalcó más que se trataba de un “hombre destacado” que había pasado gran parte de su vida “oponiéndose” al “régimen castrista”.
El proceso en El Paso confirma la doble moral del imperio: Washington decide de forma arbitraria quien es terrorista, a partir de su conveniencia política. Sobre esa base, son terroristas quienes no lo son, y el verdadero fanático solo es tibiamente molestado por mentir.
Haciendo una comparación casi obligada, es bueno recordar que el FBI y un jurado de Miami no tuvieron reparo alguno para, respectivamente, apresar y sentenciar injustas penas de cárcel contra cinco luchadores antiterroristas cubanos.
Entonces el gobierno yanqui tuvo la desfachatez de utilizar precisamente la información sobre la actividad violenta de grupos de extrema derecha radicados en Florida que Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González habían proporcionado a La Habana y que las autoridades de la Isla, a su vez, en gesto de buena voluntad, facilitaron a la agencia federal norteamericana.
La indignación que convulsiona al mundo tiene una razón más que justificada: el juicio a Posada Carriles es farsa, burla y ofensa.











