Guantánamo.- La salud es el bien más preciado del hombre, si existe ella todo es posible; así me decía mi abuela, quien gozó casi 94 años de longevidad envidiable y que la llenaron de una sabiduría no menos impresionante.
Y tenía razón mi abuela, con salud física y mental existen fuerzas para luchar y alcanzar lo que nos propongamos, por difícil que sea; este 7 de abril cuando se celebra el Día Mundial de la Salud susurra a mi oído el axioma y pienso en cuánto ahora mismo sufren mujeres, niños y ancianos, los más desprotegidos por la pobreza, la guerra y el desamparo social en general, fruto de cientos de años de colonización y de políticas excluyentes y que repercuten sin freno alguno en la salud de las personas.
La efemérides conmemora la fundación de la Organización Mundial de la Salud desde 1950 y convoca cada año a los gobiernos de los diferentes países a promover los más difíciles eventos que destaquen la importancia de la salud para una vida productiva y feliz. Asimismo, los objetivos de Desarrollo de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para el Milenio, el que deberá cumplimentarse para el año 2015 y que para muchos todavía son una quimera.
Propósitos tales como la reducción de la mortalidad infantil, el mejoramiento de la salud materna o la lucha contra el VIH/SIDA ya son una realidad para Cuba; las estadísticas así lo confirman, muchas reconocidas por la Organización Mundial para la Salud (OMS)
Este año, la campaña mundial por la fecha dedica esfuerzos a proteger los antimicrobianos para futuras generaciones; la Mayor de las Antillas fue reconocida justamente por el representante de la OPS-OMS en la Isla, Lea Guido, por las acciones que en esa materia dedica.
El inadecuado uso de dichos medicamentos suscitado muchas veces por la automedicación, la administración insuficiente de dosis o por el cese del tratamiento antes del tiempo necesario constituyen hoy un problema global que hay que atender con prioridad, si se quiere preservar sus efectos sobre infecciones; es por ello, que el Estado Cubano desarrolla una encomiable labor preventiva, de manera que toda la población tome conciencia sobre la urgencia que requiere el asunto.
La defectuosa calidad de los fármacos, las prescripciones erróneas por parte de los facultativos y las deficiencias en el control y prevención de infecciones también favorecen la aparición y propagación del problema; justamente el enfrentamiento a esas problemáticas son obligaciones del Ministerio de Salud Pública en Cuba.
Cuando la OMS en este 7 de abril exhorta a los gobiernos y las partes interesadas a aplicar políticas y prácticas necesarias para prevenir y contrarrestar la aparición de gérmenes ultrarresistentes y para proporcionar la atención necesaria a todas las personas afectadas por esos microbios, el país caribeño muestra sus resultados al mundo y colabora con otras naciones para materializar dichos propósitos.
El Día Mundial de la Salud, creo, llama hoy a la reflexión sin lugar a dudas sobre un tema muy importante como es la resistencia a los antimicrobianos, sin embargo, la vocación humanista de las políticas que aplican muchas naciones permanece en el olvido, me pregunto si las potencias escucharon el llamado del sentido común ante los ojos de aquel niño que tiene que trabajar para “mal ganar” su sustento o frente a aquella mujer que perdió a sus hijos por la bomba que cayó en su morada por estar en un lugar “equivocado” en un “rincón oscuro” del mundo; sirvan entonces la sabiduría de mi nunca olvidada abuela Chana y la recurrente convocatoria de la efemérides para hacer de este día una nueva jornada a favor de la verdadera salud humana.











