Guantánamo.- En colectivos estudiantiles y laborales de la provincia retumba los ecos de las celebraciones, hoy 4 de abril, de los aniversarios 50 de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM) y 49 de la Unión de Jóvenes Comunistas. La alegría de las más nuevas generaciones nos contagia a todos.
Motivos suficientes para festejar tiene la juventud cubana, al saberse heredera de las mejores tradiciones de lucha; una actitud, y una forma de ser que distingue a los habitantes de esta isla heroica del Caribe.
No alcanzarían unas cuartillas para recordar el papel de los jóvenes en nuestra historia: Los muchachos de la acera del Louvre, el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina, las gestas libertarias del 68 y el 95, la Protesta de los trece, el Moncada, la Sierra Maestra, la Campaña de alfabetización, Girón, la Crisis de octubre, la zafra del 70, los trabajos voluntarios, las misiones internacionalistas en Angola y en otras tierras del mundo.
La inteligencia y el altruismo para enfrentar el período especial, la presencia cubana en Venezuela, Pakistán o donde se requiera de nuestros médicos, los diferentes programas sociales y las tareas encomendadas por Fidel a los trabajadores sociales y a los muchachos y muchachas de la FEU, son auténticos ejemplos del protagonismo de nuestra juventud.
El legado de Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramante, José Martí, Antonio Maceo, Máximo Gómez, Villena, Trejo, Pablo de la Torriente Brau, Camilo, Frank País, José Antonio, Mella, el Che y muchos otros está en cada uno de nuestros actos.
Los cubanos hemos resistido más de 50 años un cruel e injustificado bloqueo que nos impone múltiples privaciones, pero poseemos una gran riqueza: la dignidad.
Los jóvenes cubanos son entusiastas, patriotas, inteligentes, cada vez más cultos, humanitarios, jaraneros y profundos.
Se les ve ascender al Pico Turquino para honrar al Maestro, y luego, exhaustos pero alegres, mirar las estrellas mientras cantan una canción de Silvio que ya no podrán olvidar.
Cientos de manos militantes dan su aporte en la agricultura o en los cafetales guantanameros, mientras otros velan por preservar la soberanía nacional.
Es cierto que algunos jóvenes claudicaron en estos duros años de contracción económica, otros ya no están, se marcharon y nunca más volverán a entender nuestros cantos y esperanzas. Pero muchos enfrentaron con hidalguía los años más duros del Período Especial, y rieron y gritaron ¡Sí por Cuba!, mientras calzando unos zapaticos con suela de cámara de carro, marcaban en una cola para comprar hamburguesas.
Recuerdo a Roly, el mejor alumno de mi año, al que muchos conocían no sólo por sus conocimientos, sino también por aquel pitusa en el que, cual símbolo de resistencia, no había lugar para colocar una etiqueta más.
La calidad humana es el mayor orgullo de la Patria, y muy en alto está hoy la palabra deber, la cual muchas veces nos separa de los seres queridos, enrumbándonos en importantes misiones.
Así es la juventud cubana de hoy, una generación que se enorgullece de su principal riqueza: ser digna y consecuente con su tiempo.











